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Siempre quise ser un chico Perro Azul


Siempre quise ser un chico Perro Azul
Una historia personal para hablar del libro
Para un siglo con cédula. 18 años de poesía Perro Azul,
de G.A. Chaves. (pról. de Clara Astiasarán)

I

El año pasado, cuando publiqué 25 x 25. Poemas escogidos de un muchacho que sonríe: 2018-1993, con Ediciones Perro Azul, conté parte de las anécdotas que me unieron y desunieron a Carlos Aguilar en esos años. Ese libro fue una pequeña celebración personal y una pequeña victoria personal. No es gratuito que mis 25 años de “carrera” literaria coincidan (o no) con más o menos el mismo tiempo que le tomó a Carlos ir de Alambique a su proyecto Perro Azul y lo que es hoy.

Como muchos otros, allá a mediados de los 90, cruzaba la calle desde Letras de la UCR para visitar la librería de Carlos. Hacia el año 2000, cuando Perro Azul ya daba sus primeros y firmes pasos, le ofrecí a Carlos Las fábulas del olvido. Carlitos me dijo que no lo publicaría, pues era un poemario trascendentalista, que no correspondía a su línea editorial. Nunca me enojé. Aunque no lo crean. Mis desencuentros con Carlos vendrían mucho después y por otros motivos. Hoy más bien agradezco enormemente su sinceridad. De haberme dado pelota en aquel entonces es probable que hubiese yo seguido insistiendo en esas necedades trascendentalistas. La verdad es que igual nunca fui un trascendentalista legítimo. Aprendí los manierismos y nada más. Ya desde los 90 mis búsquedas eran otras, pero las dejé guardadas para no contravenir la estética de la tribu que me había acogido.

Ese libro se transformó una vez más y tuvo la suerte (o no) de ganar la selección de poesía de la Euned de 2003. Vio la luz en el 2005. Para mí igual fue como si nada. Aparte de este hecho, la verdad es que entre el 2001 y el 2006 estuve haciendo otras cosas. Fueron mis “años perdidos”, por decirlo de alguna manera. Fueron también los años de formación de G.A. Chaves, a quien aún no conocía, tal y como nos lo cuenta en Para un siglo con cédula.

En el 2007, luego de una serie de cambios en mi vida personal y laboral, abrí un blog y empecé de nuevo a interactuar con la fauna literaria local (y a veces internacional). Sin buscarlo, algunas de mis críticas tuvieron eco y algunas personas empezaron a preguntarse quién diantres era este mae. Solo algunos con buena memoria, la gente del Chico Zúñiga o de Octubre Alfil 4, me recordaban de los años 90.

Fue hacia esa época, a través de Afinidades Electivas, que conocí a G.A. Chaves. Era la época de los blogs. Yo tenía La Casa de Asterión y el tenía su Café Varlaine. En el trabajo de Chaves encontré precisamente eso: muchas afinidades. Para mí fue el redescubrimiento de muchas cosas y el aprendizaje de otras. La naturaleza dice que yo soy mayor y por tanto mi tocayo, mi xará, debía aprender de mí. Chaves cumple por fin 40 este año y entonces será más fácil para mí aceptar cuánto he aprendido de él. Chaves es Mozart, es McCartney (pun intended!). Bromas aparte, nadie mejor que él para acometer la tarea de escribir esta memoria de Perro Azul, que es la memoria de una generación, de una época, de un cambio de sensibilidad. 

En llegados a este punto, por ahí vinieron también los “años perdidos” de Carlos y su Perro Azul. Como bien apunta Chaves, fue cuando emergieron otras editoriales para continuar aquel gesto inicial de ruptura. Recuerdo a un joven editor que decía que se adueñaría de una vez por todas del legado de Perro Azul. También decía que no cometería los mismos errores. Sí se adueñó (en parte) del legado, pero también cometió los mismos errores.

Saltando varios años, Carlos regresó. Ya nos habíamos topado de nuevo y sin necesidad de decir nada hicimos las paces un día en el Buenos Aires. Regresó con su línea ya clásica y con nuevos libros. Para la feria del 2016 nos pidió a G.A. Chaves y a mí que presentáramos sus nuevos títulos de ese año. De alguna manera, la coincidencia de nombre parecía habernos hecho coincidir como “los críticos”.

De izquierda a derecha: Gustavo Solórzano-Alfaro, Pablo Segreda Johanning, Dennis Ávila,
Michael Andrés Barrantes, Guillermo Sáenz Patterson y G.A. Chaves,
FILCR, presentación de novedades Perro Azul  (2016)

Para el 2017, publiqué Nadie que esté feliz escribe. Esta vez fue Carlos quien se interesó en el libro. Esta vez fui yo quien tuvo que decirle que ya estaba comprometido. Para el 2018, por fin, se cumplió mi deseo de “ser un chico Perro Azul”. Carlos publicó 25 x 25. Se cumplían 18 años oficiales de su editorial. El gesto no puede ser más simbólico. De alguna manera, “25 x 25” fue mi graduación. He madurado muy lentamente (si es que lo he hecho). Formo parte de algo que no se define muy bien y que también ha resultado bastante uniforme en muchos aspectos.


II

Para un siglo con cédula es el testamento de una época. Como afirma Chaves, es su historia personal, la crónica de su educación sentimental. El libro fluye perfectamente entre esa historia personal y la historia de muchos escritores. Gracias a ese gesto personal, logra entonces convertirse en un gesto generacional y la crítica de la literatura costarricense en general. En sus primeras páginas resume, como solo él puede hacerlo, gran parte de la sensibilidad poética de nuestro país, cuenta la historia de las tensiones que nos han caracterizado (vía Monge: el “inflamamiento verbal” y la “simplifación exteriorista”). Pero más importante aún, da cuenta de esa brecha que se origina en los 70. Explica de qué modo se perdió la conexión con autores como Virginia Grütter, Amighetti o Cardona Peña, conexión que luego retomarán María Montero o Osvaldo Sauma, por ejemplo, y que se verá cristalizada en el proyecto Perro Azul.

En mi caso personal, retomando la idea mi “graduación literaria”, no puedo más que sentirme enormemente agradecido y conmovido por sus menciones de mi obra. Hacia el final del libro, Chaves, luego de haber enfatizado de qué manera el catálogo de Perro Azul ha transformado las nociones sobre “qué es poesía”, manifiesta que nada ejemplifica mejor la influencia que este catálogo tuvo en nuestro país que mi trabajo.* No puedo menos que concordar, pero con una salvedad: en realidad, si he aprendido algo, más que a través del catálogo de Perro Azul, ha sido de forma diferida, a través del propio Chaves, quien ha sabido leer con tino nuestro desarrollo literario y anotar los vaivenes, avatares, tics y necedades en que nos hemos consumido.

El libro abre con un magnífico prólogo de Clara Astiasarán, que forma también parte indeleble de la historia de Perro Azul. Las notas de Chaves, más que notas, son ensayos, con esa capacidad de síntesis y estilo único para endilgar los adjetivos y los símiles más ingeniosos y acertados a poemas, libros y autores, como cuando dice que mis primeros libros eran “gaseosos” (y se queda corto) o que de la Ossa es “tan apagado como una chinga de cigarro bajo un aguacero” o que “Olivas es la tos necia que nos queda después de la gripe trascendentalista”.

Para un siglo con cédula es una breve historia de la poesía costarricense, de un siglo, precisamente. Su título alude además a esa especie de mayoría de edad que ya alcanzamos, para bien o para mal, o que debemos aún alcanzar. De ahí el simbolismo que guarda para mí este libro y el formar ahora parte de un catálogo indispensable. Y es que este libro es fundamentalmente la historia y el homenaje a un catálogo excepcional. 

Junto con las notas, se van intercalando poemas de los más de 60 poemarios que hasta la fecha ha publicado Carlitos (que incluye a Luis Chaves, Alfredo Trejos, Diana Ávila, Mauricio Molina, Joan Bernal o Silvia Pirensi, entre otros). Es una antología única que se lee de un tirón y con el mayor gusto del mundo. En este trabajo, Chaves nos invita a pensar y repensar (que tanta falta nos hace, siempre he insistido) las líneas de nuestra poesía, el canon, los confluencias y divergencias, los choques y desencuentros, los hallazgos felices y las afinidades. Solo al ingresar en un análisis profundo de nuestra historia podremos encontrar nuevos caminos. El libro, también, será de gran utilidad para quienes empiezan y quieren conocer de primera mano parte de lo que ha constituido las letras de Costa Rica.

A mí no me queda más que agradecer a Gustavo, al xará, por todo lo que me ha enseñado, por sus ideas y su poesía, porque siempre logra conmoverme de una u otra forma, y agradecer a Carlitos Aguilar (ahora con la complicidad de Gabriela Rojas), eternamente, por haberse embarcado en un proyecto que hoy por hoy no tiene igual.

Carlitos, te graduaste hace rato. Gracias por el catálogo que nos has dado y que sigue en construcción. Y gracias por invitarme por fin a ser “un chico perro Azul”.


***
Nota: Mi antología Retratos de una generación imposible incluye solamente 10 autores. Salvo dos de ellos, los demás solo habían publicado con Perro Azul o tenían al menos un libro con esta editorial.

***
G.A. Chaves (sel. y notas), Para un siglo con cédula. 18 años de poesía Perro Azul (pról. de Clara Astiasarán), San José: Ediciones Perro Azul, 2019, 148 pp.

El libro se consigue en el stand 22, de Perro Azul, Casa del Cuño, XX Feria Internacional del Libro Costa Rica 2019. Totalmente recomendado.

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