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Mostrando entradas de octubre, 2012

Las altas bibliotecas. Variaciones sobre un tema de "Citizen Kane"

Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de “la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira”.
Jorge Luis Borges “La biblioteca de Babel”

La biblioteca es testimonio de la verdad y del error
(El monje Jorge a Guillermo de Baskerville) Umberto Eco, El nombre de la rosa

I
Como un personaje salido de una película de Peter Greenaway, o como buen neurótico (o como buen capricornio), siempre he sido ordenado, meticuloso, disciplinado para ciertas cosas, maniaco; amigo de las listas que como fetiches duran unos segundos en nacer y desaparecer. A veces creo que mi vocación escritural tiene más que ver con esta fijación que con la literatura misma. Por eso, entusiasmado acepté hablar sobre mi biblioteca personal, porque hablar sobre tu biblioteca persona…

Trucos para que una biblioteca arda esplendorosamente

En el marco del Festival Leer es una Fiesta, organizado por la Alianza Francesa, tres escritores estarán conversando acerca de sus bibliotecas personales. Véalos cómo, sin pudor alguno, sacan de sus baúles placeres culposos, libros vergonzantes y quizá alguno que otro clásico o un autor contemporáneo para guardar las apariencias. Si se descuidan, llévese algún libro; si usted se descuida, no respondemos.
Juan Murillo G. A. Chaves Gustavo Solórzano-Alfaro
Día: jueves 18 de octubre Hora: 7: 00 p. m. Lugar: Alianza Francesa, barrio Amón, San José

Mi biblioteca consta de escasos ochocientos volúmenes. Casi la mitad es un botín de guerra de la casa paterna que todavía no tengo seguro (mientras mi hermano aún lo pretenda). A cambio dejé unos cien libros infantiles. La otra mitad y quizá algo más la he comprado en diferentes lugares, principalmente entre los dieciocho y los veintidós años. Por qué esa edad no debería ser ningún secreto. O quizá es tan solo la época ingenua en que uno cree que leer …