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Mostrando entradas de junio, 2009

Paisaje de la multitud que vomita

¿Algún conocido?

Poeta en Nueva York, escrito entre 1929 y 1930, durante la estancia de Lorca en la ciudad que da título al poemario, y publicado por primera vez en 1940, es uno de esos libros imprescindibles. Cuando lo descubrí, junto con algunos amigos, fue como si hubiese descubierto el santo grial de la poesía. El libro fue leído, releído, imitado burdamente, vuelto a leer, estudiado y analizado. Ha pasado mucho tiempo desde esos regodeos adolescentes, pero sigue siendo para mí una obra fundamental, reveladora, única; de una fuerza avasalladora, de una creatividad desatada. Más allá del surrealismo, más allá del estilo lorquiano, representa para mí mucho de lo que considero es, o debe ser, la poesía.

Cada vez que iniciaba un curso con estudiantes de secundaria, les leía “Paisaje de la multitud que vomita”. ¿Qué mejor forma de decirles: “Señores y señoras, la poesía no es lo que ustedes imaginaban”? El solo título, y la mujer gorda en la primera imagen, bastaban para que abrieran su…

Mahler culminó la obra de Beethoven

La literatura y la pintura, a partir del barroco, lograron la creación de textos autorreflexivos, es decir, metatextos. Quiere decir esto, obras capaces de volver sus ojos sobre sí mismas y su proceso de construcción. Así, tenemos Don Quijote y Hamlet, en novela y teatro; y en la plástica, Las meninas, de Velásquez. Sin embargo, en música no hay obras que reflexionen sobre sí mismas, que se observen con ojos críticos y de alguna manera deconstruyan sus procesos internos. No las hay al menos que yo sepa (lo cual no es mucho), o a menos que tomemos en cuenta El clave bien temperado, de Bach, como un primer ejemplo.
En fin, lo que planteo es que la primera vez que podemos tener un metatexto en música, es con el inicio del cuarto movimiento de la Sinfonía n.° 9 (Coral), de Beethoven. En esos primeros cuatro minutos, en la mayoría de versiones, lo que escuchamos es un “ensayo”. La orquesta prueba sonidos, variaciones. Intenta arrancar con fuerza y se detiene bruscamente. De repente, parecie…

1984. Michael Jackson y Carlitos

Sábado por la noche, a mediados de 1984. Mi compañero Carlitos fue a quedarse a dormir a mi casa. A la inversa, imposible. Es decir, a mí jamás me hubieran permitido ir a quedarme a la casa de nadie. Pero bueno, el motivo de esa noche: pasaban en televisión el documental de cómo se hizo el video de "Thriller", de Michael Jackson.

Recuerdo la emoción que yo experimentaba. Sin embargo, aún para esos días era sumamente ingenuo, y poco sabía de lo que pasaba en el mundo. Quizá la emoción era por compartir una actividad que se suponía especial. Era sentirme parte del mundo, de la moda, claro. Conocía la canción y el video, por supuesto, pero no puedo decir que fuera un fan del que pronto sería declarado el Rey del Pop.

Carlitos iba a mi casa y decía "mae", y cuando yo lo repetía me querían linchar. De hecho, no fue sino ya realmente mayor que me permití soltar algunas de esas palabras. Previamente, todo era "juepucha", por no poder decir "hijupeuta", c…

Delirio y condena: agradecimientos, próxima presentación y que siga la fiesta

Ya aburría lo que pareció ser una perenne invitación y una campaña intrusiva para llevar desprevenidos lectores y generosos amigos a la presentación de mis libros. Pero bien valió la pena, y no me canso de agradecer la presencia de todos aquellos que me acompañaron. A la actividad se hicieron presentes familiares, amigos, escritores, ácratas, blogueros, feisbuquianos, alumnos, compañeros, jugadores, ex compañeros, magos, pornócratas, etc.
También, agradezco a los amigos extranjeros que me enviaron mensajes, y especialmente a quienes hicieron eco de esta convocatoria: Víctor Azuaje y Lluís Salvador. Por supuesto, a los amigos costarricenses auto exiliados, que por razones evidentes, no pudieron asistir, aunque el asunto geográfico siempre me ha sonado a pretexto. En la foto, en el orden usual, los escritores Jorge Arroyo, Alí Víquez, Juan Murillo y Guillermo Barquero.
Fue una hermosa velada, con "éxito" de público a pesar de la lluvia. Más de setenta invitados se hicieron prese…

Delirio y condena: presentación de mis dos nuevos libros

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1995-2009. 15 años de trabajo. 36 poemas. Dos libros. Dos editoriales.

El próximo martes 23 de junio, a las 7:00 p.m., en el Instituto Cultural de México, estaré presentando mis dos nuevos poemarios. Así, extiendo una invitación cordial para que me acompañen esa noche. Para mí sería realmente un gusto contar con su presencia en una ocasión tan especial.

La múltiple forma del delirio (San José: EUCR, 2009, 88 pp.)
La condena (San José: EUNED, 2009, 104 pp.)

La múltiple forma del delirio

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La múltiple forma del delirio (San José: EUCR, 2009) es un conjunto de dieciséis poemas, escritos entre 1995 y 2001. Junto con La condena, será presentado próximamente.

En el blog, previamente he compartido cuatro poemas de este libro:

"Elegía para alguien que duerme"
"Fijeza de los trenes"
"Origen"
"El bolero de Abaddón"

Las diez mejores películas

Escena de Les Enfants du Paradis

Aunque suele criticarse la elaboración de top tens, listas de "lo mejor", "colecciones de clásicos", etc., no es menos cierto que todos tenemos nuestros propios listados, misceláneas que solamente reflejan nuestro gusto y experiencia personal, construidas a partir de parámetros siempre discutibles y a menudo falibles. En el mundo del cine, estos escalafones son muy frecuentes, como frecuente resulta encontrar en lo más alto a Citizen Kane, magnífica película de Orson Welles. Pues bien, esta entrada pretende ser solamente eso: una lista hecha con base en mi subjetividad y mis prejuicios, presentada para poder conversar y comparar.

Ahora bien, he escogido un rango, que va de 1940 a 1990. Empezar en 1940 es un asunto de prudencia, puesto que previo a ese año es muy reducido el número de películas que conozco, entre las que cabe destacar Broken Blossoms[Lirios rotos, Estados Unidos, 1919], de D.W. Griffith, y Modern Times[Tiempos modernos…

La intención no es lo que cuenta

En su blogHumor Vagabundo, el escritor venezolano Luis Moreno Villamediana, al hacer su ficha bio-bibliográfica, nos dice: “Al Autor le parece ridículo que algunos críticos hayan hablado de “la muerte del Autor”. Nada más falso; el Autor está muy vivo y piensa seguir así hasta el final de sus días.” Esto, aparte de una humorada, es una postura que ironiza sobre la manera en que muchos han entendido la idea de Barthes. Está claro, y no habría que decirlo, a qué se refiere Barthes. Ahora, esta es mi interpretación de la frase de Luis, nunca le he preguntado sobre ella, aunque asumo, por otras ideas y textos suyos, que sabe muy bien de qué está hablando.

Pues bien, a raíz de diversos comentarios, se ha debatido en otros blogs (y no recuerdo si en este también, pero creo que sí) acerca de la relevancia del autor a la hora de interpretar un texto. Yo he defendido que el autor es irrelevante, en tanto “no decimos lo que queremos decir”.

Algunos amigos han dicho que el autor sí es importante. …