21 feb. 2012

De la tradición en las artes: a propósito de "The Artist"



Desde hace poco menos de 200 años, desde el romanticismo, existe un tendencia en las artes por la búsqueda da la originalidad y de la novedad. Baudelaire vio este fenómeno con claridad y luego Octavio Paz también. De igual manera, los cánones fueron transformándose, pero a la vez perdiéndose; quiere decir esto que el aprendizaje y el dominio de la técnica pasaron a un  segundo plano, cuando no a ser víctimas de escarnio de los “preclaros nuevos artistas”. Al menos así ha sucedido en la literatura.

La segunda mitad del siglo XX puso en entredicho esos conceptos de “originalidad” y “novedad”, y los sustituyó por los de “pastiche” o “collage”; en síntesis, por el gesto irónico, que vino a traer un nuevo aire a las artes, pero que a la vez, por exceso, las arrojó a un limbo del que aún no salen.

En el caso de la literatura, el verso libre no es una novedad ni es experimental ni es transgresor. Quizá solo para la maestra de secundaria que enseña métrica superficialmente. Que la mayoría de autores, incluido yo, hagamos uso del verso libre no nos hace ni mejores ni peores. De igual forma, que un autor trabaje la filigrana de las formas clásicas tampoco lo hace mejor ni peor. Esto lo hemos dicho hasta el cansancio. Eso sí, alguien que trabaje las formas clásicas y lo haga bien es digno de reconocimiento, porque parte del diálogo con una tradición que la mayoría ha olvidado.

No se trata de nostalgia. No se trata de retorno al pasado, a una “época de oro”. Si el autor se queda en la contemplación vacía de las formas su propuesta será igualmente vacía. Aquí vale la pena enfatizar la palabra “diálogo”. Ni la adoración acrítica de las formas ni su abandono ad portas. Dialogar con la tradición es zambullirse en un océano profundo, rico en matices y posibilidades; es aprender y crecer. También, dialogar con la tradición, aunque suene contradictorio, es dialogar con la contemporaneidad, porque no se puede olvidar el lazo que une pasado y presente, y ese es el sentido amplio del conocimiento, de las luces, de nutrirse de ese largo linaje que nos precede para poder dotar a nuestra voz presente de sentido, cuerpo y solidez.

En este panorama, resulta que aquello que se considera transgresor, experimental o revolucionario no lo es en lo absoluto. Cuando un experimento se ha hecho por años, con resultados probados, deja de ser un experimento y se convierte en la regla, en la norma, en lo estándar, en el canon, en lo aceptado socialmente. Por eso, denostar las formas clásicas por supuestamente caducas en favor de un verso libre no razonado carece de sentido, porque el verso libre mismo es ya una forma clásica.

Así las cosas, más transgresor me resulta un poeta que escriba sonetos que uno que escriba cualquier otra cosa. Más experimental resulta un músico que compone una ópera que uno que se va al bosque tropical a grabar pájaros y el sonido de las hojas mecidas por el viento. Más revolucionario un artista plástico que use pintura y pincel que uno que deja olvidada la bolsa de las compras en la entrada de una galería. Eso sí, nada de esto con tintes de conservadurismo o como posición reaccionaria. Al contrario, como postura ética y estética progresista ante la insistencia de lo “nuevo” per se en detrimento de lo “viejo” per se.

Las anteriores reflexiones vienen a propósito del filme francés The Artist (2011), escrita y dirigida por Michel Hazanavicius, película muda en blanco y negro.

No voy a entrar en mayores detalles, pero la película, bien realizada desde el punto de vista técnico, con un meticuloso trabajo de fotografía y una banda sonora fabulosa, no pasa de ser un ejercicio de estilo, un entretenimiento liviano y finalmente una oda al cine de Hollywood. Aquí es donde uno podría pensar que se trata de una película experimental o arriesgada. ¿Por qué apostar por el cine silente en blanco y negro en la época de los efectos especiales, el color y la tercera dimensión? Uno podría imaginar que se debe a una posición transgresora: “Si todo mundo filma en 3D, pues yo voy a retornar a los fundamentos del cine”. Puede ser, pero aquí también es donde puede estar la trampa, porque no creo que la propuesta de Hazanavicius encarne sus ideales estéticos o cinematográficos y se pretenda una revolución en el mundo del cine. Considero que se trata solamente de un divertimento.

Filmar una película como The Artist no es sencillo, sobra decir. Por ello, también se debe dar el mérito, porque el equipo creador demuestra que conoce el oficio, que ha bebido de la tradición, que se ha sentado a conocer y a analizar las técnicas, los rudimentos de su arte. Sin embargo, si nos quedamos en eso, y solo hay mérito en ello, daría lo mismo magnificar Avatar y premiarla por su propuesta. Es decir, en términos estructurales, en términos técnicos, ambas son un prodigio de la fotografía, pero de una fotografía lastimosamente al servicio de una historia trillada y superficial.

Yo no creo que The Artist sea transgresora, porque no está hecha para pensar ni para conmover de forma profunda. Al contrario, está pensada como espectáculo, por eso es tan bien recibida, no porque sea una obra maestra, sino porque es una película nostálgica que puede ser digerida por públicos nuevos como un rareza sin más, como la atracción del momento. Sin contar con que apela a ese espíritu vintage (o hipster) de nuestra época, que tan bien consume el estilo y la moda de décadas pasadas. La industria gringa vio esto con claridad y por eso ha apoyado la película, porque en el fondo responde a sus ideales y a su forma de entender el mundo.

Un cineasta, como todo artista, está obligado a conocer la tradición de su arte. Y también está obligado a manejar las herramientas propias de dicha tradición. Por supuesto que conocer esto por sí solo no asegura ninguna obra maravillosa, pero de fijo el desconocimiento o rechazo de dicha tradición sin argumentación alguna mucho menos lo asegura.

The Artist revela un estado de las cosas, pero un estado sí conservador. Ahí donde la tecnología de punta avasalla a los cineastas y a las pequeñas productoras; ahí donde el formato 3D prevalece; ahí donde en el cine no se cuenta nada sino que todo explota, surge un deseo por retornar al pasado, pero este retorno es mera nostalgia sin capacidad renovadora, sin capacidad de transformación. Es la búsqueda de un paraíso perdido que nos dé asidero en la realidad, de una edad de oro que nos conforte, frente a la incertidumbre de nuestro tiempo, carente de fundamentos sólidos. Y todo esto, en síntesis, es una posición fundamentalista, una que cree que los dioses deben retornar, porque somos incapaces de imaginar un mundo sin ellos.

15 comentarios:

Leandro dijo...

Bien fundamentada crítica. No vi la película, ni me llamó la atención. ¿Qué película podría ser trasgresora hoy?

Asterión dijo...

Leandro: Aunque no me parece tan buena como la pintan, quizá valga la pena verla.

¿Qué película podría ser trasgresora hoy? Difícil. Eso sí, habría que definir si se trata de una producción reciente o de tiempo atrás? Si es reciente, ¿de cuándo hasta hoy? Uno podría pensar de 1990 para acá y es un periodo prudencial: Lynch o Greenaway. Más cerca "2046", de Won Kar-wai; o "Synecdoche, New York", de Kaufman.

¿Qué pensás?

Saludos y gracias como siempre por la visita.

Txus Bedoya dijo...

Totalmente de acuerdo en que actualmente estamos en una ola "vintage", donde la estética de lo viejo o lo antiguo se ha vuelto una tendencia, solo basta ver la ropa que se está utilizando, la música que se está escuchando. No sería nada raro que a consecuencia de esto, The Artist haya encontrado éxito.
Pero bueno, esto es solo un detalle, aparte se debe considerar aspectos técnicos y demás, de los que no puedo hablar sin haberla visto.

juan murillo dijo...

Yo la vi y me pareció buena. Yo diría que en este caso particular lo que hay es una escogencia inteligente de los medios para narrar la historia.

El artista trata sobre un actor de películas mudas que no logra dar el salto a las películas de sonido (el sonido mismo juega un papel activo en la trama). El que esta película sea muda no es un gesto "retro" hecho en el vacio, sino realmente el medio más apropiado para contar la historia.

De hecho, también se puede argumentar que aún y cuando se utilizan muchas técnicas del cine mudo, la pelicula resulta totalmente contemporánea en sus ritmos, de modo que no se siente verdaderamente "vintage" y entonces no pretende sustituir los originales, sino homenajearlos tanto en fondo como en forma.

No me parece que la palabra transgersión le haya pasado jamás por la cabeza al realizador mientra ha rodaba.

Asterión dijo...

Txus: por supuesto, como digo en la nota rápidamente, la fotografía es un trabajo muy bien hecho, la música es soberbia y en general en términos visuales muy lograda.

Juan: a mí también me pareció buena, pero no me pareció la octava maravilla, como les ha parecido a muchos.

Lo de transgresión es porque una persona, que defendía la película, la analizaba en esos términos, es decir, que por el hecho de ser muda y en blanco y negro en esta época era una transgresión. Eso me dejó pensando, y de ahí que hablo sobre la literatura, porque yo mismo he defendido esa posición en el caso de la poesía.

Ahora bien, el asunto es que la película responde a un ideal que no comparto y eso es lo que trato de señalar. Técnicamente es buena y eso vale, pero la historia es trillada y superficial. Hace unos años "The Wrestler" estuvo nominada a mejor película y era lo mismo: un héroe caído en desgracia que logra una última actuación que lo redime. Hay millones de películas con el mismo tema y con el mismo tratamiento.

Luego, efectivamente es un homenaje, eso ha quedado claro, y no creo que nadie considere que se trata de sustituir los originales. El problema con estos homenajes es que suelen ser homenajes vacíos. Es igual con Tarantino, un director sobrevalorado: todo su trabajo son ejercicios de estilo y nada más. Puro decorado.

Por último, recordá que la intención para mí no cuenta :-).

Saludos y gracias por el aporte

juan murillo dijo...

Sí, claro, estoy de acuerdo con vos, no es un homenaje profundo. Creo que aquí estamos en el ámbito del entretenimiento y no hay que hacerse bolas con el objetivo de la película. Considerar que esta pelicula es transgresora es como decir que es transgresora Shakespeare in love por el vestuario de época, son simples medios para contar la historia, bien usados para entretener.

Lo que sí me parece claro y creo que todos aceptamos, es que estas técnicas son adecuadas solo para un homenaje, o una experiencia retro, porque ahí son explicables. Pero no creo que pudiera defenderse su uso generalizado en esta época, por el simple hecho de que el lenguaje audiovisual usado no es el más adecuado para comunicarse con el público actual. Pasa igual en poesía, creo. Una cosa es consumir a los clásicos con avidez y apreciarlos y aprender de ellos, de la belleza de sus formas o del brillo de sus ideas. Otra muy diferente es querer escribir o filmar como los clásicos hoy en día, que a mí me parece una inadecuación entre lenguaje y público. Usamos latinajos y nos benefician los estudios etimológicos, pero no hablamos latín entre nosotros.

Asterión dijo...

Después de Ver "Hugo", creo que puedo afianzar lo que venido señalando.

Scorses hace un homenaje, pero uno que parte de un estilo maduro, de un cineasta que sabe los mecanismos, conoce las reglas, lo ha demostrado y ahora se atreve con una fábula.

El Méliès de Scorses es un personaje "real", y su historia es la misma: ascenso, caída y redención, pero aquí es el pretexto para la fábula, para que ese niño, Hugo Cabret, logre encontrar su camino.

Scorsese retoma la tradición y la pone a dialogar con nuestro actualidad. Usa los recursos apropiados para su historia, como apunta Juan, y en ese proceso, se permite crear una película cálida.

Visto así, hacer "The Artist" es fácil, pero hacer que una obra como "Hugo", con tal tema, y que no sea cursi o mero Disney es en sí un mérito y un riesgo.

Desde "Cinema Paradiso", o desde la misma "Chaplin", no se había hecho un homenaje al cine que se les acercara.

Saludos

Leandro dijo...

Tal vez lo más transgresor (siempre en cine de cierta calidad y proyección) sea Von Trier, acaso Haneke.

Asterión dijo...

Leandro: de Von Trier tendría que ver más películas. ¿Quizá "Dogville" y "Anticristo"?

Y Haneke, concuerdo.

Saludos

Germán Hernández dijo...

Ya hacía falta una buena entrada como esta Asterión... también pienso que eso de pretenderse "transgresor" puede ser una actitud bastante pueril, típica del escritor joven e inexperto, que piensa que con sus versitos está transformando la lengua... suele ocurrir. (Me refiero a la pretensión).

En estos días que se privilegia al autor en tanto individuo, una vez puesto en el contexto del sujeto histórico, es más fácil leerle, por eso me gusta tanto el ejemplo que pones de Tarantino, y agregaría también a Tim Burton, sujetos más que sobrevalorados...

El "Anticristo" de Von Trier es una larga metáfora, pero por demás lo que sobresale en ella es la cinematografía. En los últimos años las películas que he visto me atraen los primeros 5 minutos, luego comienzo a bostezar... y casi nunca las acabo.

sOren vargAs dijo...

Aquí hay que matizar muchos asuntos. Habla alguien quién apenas está en proceso de descarga de los Blu-ray correspondientes, debidamente ripeados, pero quién ha seguido de cerca las inquietudes del señor Solórzano.

Aunque la película(s) citada(s) sí es un homenaje, también hay que subrayar que sus atributos técnicos, aunque fueran de antaño, ya son parte del patrimonio del cine, a como el verso libre lo es de la poesía. Me explico. El siglo XX tuvo una euforia hábilmente mezclada entre formas e ideas, pero las técnicas son acumulativas, y a veces llegan a límites sensiblemente insuperables, mas progresivamente mejorables, como el diseño asistido por computadora o la fotografía digital. Con esto quiero decir que la transgresión formal clásica ya casi no tiene nada nuevo bajo el sol.

Desde la óptica del siglo XX, quedamos en un llano asunto de imaginación y uso de recursos, pero desde la óptica del siglo XXI, la nueva transgresión es invisible, pero bien palpable.

Cámaras de 800 dólares en alta resolución y con todas las prestaciones hacen posible el cine casi que para cualquiera. Un software de producción musical de 130 dólares y el alquiler de un estudio por algunas horas hace de las disqueras independientes algo encantador. Lo mismo está sucediendo con las imprentas digitales o con los ebooks. Todo esto también es transgresor. La transgresión nuestra es democrática, y de ella surgen películas como El Artista, La invención de Hugo o las producciones independientes. El Artista podría ser un epílogo, más que una nostalgia.

Por supuesto, esto trae efectos colaterales: cualquier idiota puede hacer cualquier cosa. En todo caso es lo que más se publicita, así que la crisis no es en el arte, es en la sociedad. Ahora hay demasiado público para cualquier cosa, pero uno como verdadero artista no está en la obligación ni de influirlo ni de dirigirlo. Después de todo gran parte de la estética del siglo XX se fue en diseño de armas y uniformes de la SS. El arte goza de perfecta salud, sólo que ahora es 1 contra 9, pero está libre de "deberes sociales". Eso se acabó para siempre.

Pero yo agradezco tener una buena idea y poder grabar sonidos del bosque para mis proyectos sin pesados y caros equipos. Y acepto que mi vecino también tenga el derecho de grabarlos para una postal.

Aprovecho para saludarlos a todos, porque si estuviéramos en 1912 tendría que enviarles muchas cartas y sería un lío tremendo, o que me escogieran para una columna por ser el hijo de alguien.

Asterión dijo...

Germán: Sabés que es un tema al que le hemos venido dando vuelta.

Tengo pendiente "Anticristo". Leí sobre ella y me resulta muy llamativa. Mucho más que "Melancholia", que no me pareció tan maravillosa.

Saludos y gracias por pasar (y darle bola a estos apuntes).

Soren: Sí, hay muchos asuntos qué matizar. Para empezar, el tema de la originalidad. Puse "romanticismo" para fijar un momento histórico, pero bien se sabe que viene de antes. Aparte, esas reflexiones, así medio mezcladas, tienen que ver con el hecho de que pensar en esta película me hizo establecer algunas relaciones con otros problemas.

Ahora, no sé si capté tu idea. Pero por eso como homenaje me gusta mucho más "Hugo". A eso me refería. Scorsese toma una fábula, parte de la tradición y narra una historia que remite al origen, a la vez que explota los recursos de la actualidad.

No tengo problemas con que todo mundo pueda grabar sus sonidos, tomar sus fotos, filmar sus videos o escribir sus blogs. Aunque aquí creo que me perdí un poco.

Saludos y gracias por el aporte

Leandro dijo...

Antichrist, indudablemente. Una obra usualmente mal leída, que merece un lugar destacado en la obra de Von Trier, vale decir, en la obra del cine más interesante de los últimos diez o quince años.
Otra obra que me pareció tranquilamente transgresora (siempre para el canon de su época) fue Tree of Life.

Asterión dijo...

Leandro: "THe Tree of Life" es muy buena. Malick logra un gran trabajo visual, con diálogos muy dosificados. Era mi opción para el Oscar, pero sabía que no se lo darían. Y entre "The Artist" y "Hugo", me quedaba con la segunda.

Saludos

Asterión dijo...

Leandro, "Anticristo" es una obra maestra. Me pregunto ¿qué habría sucedido con "Melancolía" si von Trier no hubiese afirmado en Cannes que "entendía a Hitler"? Quizá lo mismo que suele suceder con sus películas, que no circulan en los ámbitos más comerciales, y quedan hasta cierto punto reservadas para los cinéfilos. Solo de esta forma se puede comprender que dicha película haya tenido tal repercusión dentro de la crítica, a pesar de no ser una obra maestra, como sí lo es "Anticristo". A la par de "Anticristo", no solo "Melancolía", sino muchas películas de calidad de los últimos años palidecen, con la excepción de "La cinta blanca", de Haneke. "Anticristo" es una obra maestra: hermosa, y realmente transgresora. Su exploración del sentimiento de culpa, tan caro a la cultura occidental judeocristiana; los mecanismos sociales para censurar el cuerpo... Una película bellísima, sostenida por dos actores de lujo y diálogos profundos (al mejor estilo de Bergman). Solo las secuencias del prólogo y del epílogo habrían valido por lo que valen otras cien cintas. En fin, maravillosa, magnífica, genial. Von Trier se gana con esto mi absoluto respeto, y definitivamente un lugar en el panteón de los grandes directores contemporáneos.