In memóriam IX: J. L. Borges (1899-1986)


Un endecasílabo abrió su magia
a una sombra fugaz entre los libros.
Es quizá esta biblioteca ciega
tan parecida al azar y al olvido.
Jorge Luis Borges pertenece a una rara estirpe de autores que han sabido moverse impecablemente entre la poesía, el cuento y el ensayo. Pero más raro aún el juego de estilos entre estos géneros que este Tiresias moderno supo lograr como ninguno. Sus ensayos parecen cuentos, sus poemas relatos y sus cuentos… pues eso, cuentos. De los tres géneros, logró cautivarme desde un inicio con sus ensayos y relatos. Por alguna razón que ahora prefiero olvidar, su poesía se me hacía esquiva. Sin embargo, tampoco recuerdo por qué arcanos insistí en ella, tan solo para caer rendido como un niño, absorto, extasiado. Y es que su obra poética es sencillamente soberbia.

Hay quienes aún se permiten decir (lo mismo señalan de sus cuentos), que se trata de una literatura fría, rígida, para intelectuales, etc. Argumentaciones pobres sin mayor asidero. La obra de Borges, y especialmente su poesía, ofrece al lector un mundo rico en matices y sensaciones, en hondos pensamientos y desafectadas posturas ante la vida, la muerte, la escritura o el amor.

En cuanto a su poesía, con algunas excepciones de verso libre y otras de poema en prosa, podemos decir que se trata quizá del último de los verdaderos vanguardistas, porque ahí donde los poetas del siglo XX se decantaron por las formas modernas del verso libre, Borges supo cultivar como ninguno el verso blanco y las estructuras medidas y rimadas. Heredero de una tradición (palabra pecaminosa para algunos) que manejó con maestría, demostró de qué manera la literatura no responde a modas ni evoluciona como una célula ni progresa como una máquina. Borges es la mejor prueba de que la poesía es anacrónica siempre porque siempre está fuera de su tiempo.

Hoy, en su honor, en conmemoración de los 25 años de su muerte, me permito compartir algunos de mis poemas favoritos de su autoría.

El enamorado*

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.
Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.
Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.
Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.

El Golem*

Si (como el griego afirma en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa,
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de la Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo:
Esto es mi pie; esto el tuyo; esto la soga
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. ¿Cómo (se dijo)
pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?

¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?

En la hora de la angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

El oro de los tigres**

Hasta la hora del ocaso amarillo
cuántas veces habré mirado
al poderoso tigre de Bengala
ir y venir por el predestinado camino
detrás de los barrotes de hierro,
sin sospechar que eran su cárcel.
Después vendrían otros tigres,
el tigre de fuego de Blake;
después vendrían otros oros,
el metal amoroso que era Zeus,
el anillo que cada nueve noches
engendra nueve anillos y éstos, nueve,
y no hay un fin.
Con los años fueron dejándome
los otros hermosos colores
y ahora sólo me quedan
la vaga luz, la inextricable sombra
y el oro del principio.
Oh ponientes, oh tigres, oh fulgores
del mito y de la épica,
oh un oro más precioso, tu cabello
que ansían estas manos.

Elogio de la sombra**

La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.

 

*De El otro, el mismo

**De Elogio de la sombra



Otros poetas

Comentarios

María ha dicho que…
jajaja! Vaya preguntita, que si sé mentir... Pués claro! Pero "pá" qué? Si no voy a conseguir engañarme a mí misma, ni me pongo, jajaja!!!
Bueno, que me voy de tema...
Borges es uno de mis escritores de cabecera... ¿Hace falta entonces que diga que me encanta?
Si eso lo digo, eh? XD
Un besito, que me encantó releer (o más bien re-recitar ésto, porque lo hice en voz alta aprovechando que no hay nadie ahora a mi vera, XD XD XD)
MUAK.
María
Leandro ha dicho que…
¿Qué decir de Borges? A mí me satisface la lectura canónica argentina actual que se hace de él (que, al ser un escritor en las orillas, en la periferia, pudo ser impertinente con lo establecido y subvertir la literatura). Me encanta descubrir ese credo literario tan personal detrás de cada sutileza en sus traducciones.
Tal vez no esté de más recordar algo que sucedió después de su muerte, después de la muerte de su mejor amigo: la aparición de los diarios de Bioy muestran a un Borges diferente, con un espíritu indomable, un libro inagotable que muestra a un hombre hecho de literatura, sin la cortesía de lo público. Sólo un hombre así pudo haber escrito una obra como la de Borges.
Asterión ha dicho que…
María: antes el subtítulo del blog era "o el pequeño blog de las mentiras de...". Por eso, jeje.

Pues sí, Borges me parece sencillamente fundamental desde todo punto vista. Para recitar y re-re-recitar siempre.

Leandro: creo que por no estar nunca apegado a las modas siempre pudo subvertir lo establecido.

Tendré que leer los diarios de Bioy, para descubrir esa visión sobre Borges.

Saludos a ambos y gracias por pasar
Germán Hernández ha dicho que…
Recuerdo que cuando yo decía que me gustaba la poesía de Borges, todo mundo se me quedaba viendo raro... que bueno que eso a ido cambiando...

Atinada tu reflexión, pero prefiero decir que la poesía es "intemporal" en lugar de "anacrónica"
Asterión ha dicho que…
Germán: yo no sé si eso ha ido cambiando. A mucha gente le gusta, a otra aprentemente no, aunque imagino que esa es la que no lo lee.

Atemporal tiene una connotación moderna y romántica: inmortal, que trasciende el tiempo, etc., y no sé si el arte "dure para siempre". A lo sumo unos cuantos siglos y quizá hasta milenios, pero no para siempre. Además, petrifica las obras. Por el contrario, anacrónico tiene una connotación transgresora: es lo que no corresponde a su tiempo, porque no le interesa su tiempo, porque lo evade, porque se mueve de un modo distinto, y en ese movimiento ambiguo, da cuenta de todos los tiempos, más en sentido mítico.

Saludos y gracias por tu visita
X ha dicho que…
Me encanta la poesía de Borges, no tanto la narrativa.
Asterión ha dicho que…
X: bienvenida(o) a esta casa. La poesía de Borges es un monumento.

Saludos y gracias por la visita
Wílliam Venegas ha dicho que…
Lo mío no es mentira: visito blogs, pero me he vuelto perezoso para dejar comentarios. Le dejo mi saludo por su buen trabajo bloguero y, sobre esta entrada, confieso que, pese a haber sido profesor de literatura durante 30 años en una universidad y en colegios, de este señor Borges solo he pedido lo necesario y dejo algunos mojones por si alguien quiero leerlo. Su buena literatura me la he perdido, pero es que yo no puedo separar la ética del arte y me asquea este señor que anduvo por ahí bendiciendo dictaduras genocidas, militares, tortutadoras y fascistas del Cono Sur, incluyendo la barbarie de Pinochet. Muchos comparten esto conmigo. La mayoría no. Algunos ni lo entienden, dada mi condición de filólogo y lingüista graduado. Lo que único que celebro de Borges es que nunca le dieran el Nobel de Literatura y lo han sabido todos mis estudiantes durante mis 30 años como profesor. Con Borges, nada, ni con la señora L. que le hacía cine a Hitler.
Asterión ha dicho que…
William: las posiciones políticas de Borges creo que han sido mitificadas. Considero, por un lado, que encierran más de transgresión que otra cosa, y por otro lado hasta podrían considerarse infantiles e irrelevantes.

Ahora, la distinción que yo hago es entre la persona y la obra, y busco el elemento ético (compañero inseparable del estético) en la obra, que es lo que pesa, lo que perdura. En la obra de Borges hay un ética, un estética, una filosofía y una metafísica. Lástima que se lo haya perdido por un par de prejuicios de los años sesenta, setenta y ochenta.

Saludos y gracias por pasar
Wílliam Venegas ha dicho que…
Gracias, amigo, entiendo perfectamente su punto de vista. Hasta lo acepto. Conmigo y mi deformación es que aprendí a odiar (literalmente) a los militares fascistas de entonces y a Borges por metástesis. ¿Que me lo perdí? Nada importa (al menos para mí), yo perdí a dos buenos amigos en Chile, mi compañera de vida –entonces– fue terriblemente torturada en Uruguay, más otras personas conocidas que sufrieron mucho. En homenaje a ellos y a ella, no leeré a Borges nunca, pero entiendo a quienes lo defienden (parece una contradicción de mi parte y es posible que así sea). Lo que sí no creo es que Borges fuera ingenuo: o era fascista o era un oportunista. Gracias por su trabajo en su blog.
Asterión ha dicho que…
William: también es perfectamente comprensible su posición. En todo caso, no hay nada obligatorio en el mundo, y si de "perdernos" algo se trata, todos lo hacemos en mayor o menor grado.

Saludos y gracias por su visita
Wílliam Venegas ha dicho que…
Touché. Buen punto el suyo, amigo.
Soren Vargas ha dicho que…
Gustavo. Ya es mucho lo que se ha dicho sobre Borges y muy poco lo que yo podría agregar, pero este es un resumen muy agradable. Un poco, para continuar la línea del modernismo, Borges me recuerda mucho a Le Corbusier, con su innovador contenido simbólico enmarcado en una rígida y clásica tradición de formas y proporciones. Un saludo.
Asterión ha dicho que…
Soren: bueno, pues algo has aportado con esa acertada compración.

Saludos y gracias por visitar

Entradas populares