20 jul. 2010

La ideología. Una introducción


La ideología. Una introducción


La idea de que el capitalismo avanzado borra todo rastro de subjetividad “profunda”, y con ello toda modalidad de ideología, no es tanto falsa como drásticamente parcial. En una actitud homogeneizadora irónicamente típica de un posmodernismo “pluralista”, no se discrimina entre los diferentes ámbitos de la existencia social, algunos de los cuales son más susceptibles de este tipo de análisis que otros. Se repite el error “culturalista” de considerar la televisión, el supermercado, el “estilo de vida” y la publicidad como rasgos definitorios de la experiencia del capitalismo tardío, y se silencian otras actividades como el estudio de la Biblia, la dirección de un centro de crisis por violación, la inscripción en el ejército y enseñar a los propios hijos a hablar galés. Las personas que dirigen centros de crisis por violación o enseñan galés a sus hijos también ven la televisión y compran en los supermercados; no hay aquí, por tanto, una única forma de subjetividad (o de “no subjetividad”). Son los mismos ciudadanos, aquellos de los que se espera en un determinado nivel el mero desempeño de este o aquel acto de consumo o experiencia mediática, y en otro nivel el ejercicio de la responsabilidad ética como sujetos autónomos que se determinan a sí mismos. En este sentido, el capitalismo tardío sigue precisando un sujeto autodisciplinado que responda a la retórica ideológica, en cuanto padre, jurado, patriota, empleado o ama de casa, amenazando a la vez con recortar estas formas más “clásicas” de subjetividad con sus prácticas consumistas y de cultura de masas. Ninguna vida individual, ni siquiera la de Jean Baudrillard, puede sobrevivir totalmente despojada de significado, y una sociedad que adopte esta senda nihilista estaría fomentando simplemente una desintegración social masiva. Por consiguiente, el capitalismo avanzado oscila entre el sentido y el no sentido, tiende desde el moralismo al cinismo y por él discurre la embarazosa discrepancia entre ambos.

2 comentarios:

Fernando dijo...

Hola Gustavo,

¿No es precisamente lo què la "Globalizaciòn" està haciendo?, me refiero a la "desintegración social masiva"...

Yo creo que desde la concepciòn de las teorías econòmicas, se busca despersonalizar a la sociedad.

Obivamente serìa casi absurdo plantear una teorìa que incluya los distintas caracterìsticas de las personas y no hablar de "las masas" en el marxismo, con sus comportamientos "esperables" y los fundamentos capitalistas de competencia perfecta y los "roles" sociològicos.

Cualquier tipo de teorizaciòn en este caso, creo que debe tender a segmentar a la sociedad a fin de probar tales teorìas. Es como el marketing y sus ABC-1 (gente de determinada edad, con determinado poder adquisitivo, que tiene determinados gustos y gasta en determinadas cosas)...

Saludos
Fernando

Asterión dijo...

Fernando: efectivamente, hay una "desintegración masiva". Ahora, lo que Eagleton plantea es precisamente una crítica de ciertas posturas posmodernas, esas que se quedan en el cinismo, la ironía y el nihilismo. Por eso la mención a Baudrillard.

Además, un punto vital es cómo señala que al capitalismo no le importa ser criticado, precisamente porque ha adaptado su sitema para recibir esas críticas y que no lo afecten. Es más, las promueve como parte de ese juego de engaño-autoengaño.

Eso sí, tal idea debe ser ampliada, porque sí bien es cierto lo que plantea Eagleton, el argumento lo que hace es validar lo planteado por los posmodernos: un mundo que es simulacro, donde las personas están conscientes del engaño, participan de él y a la vez lo critican, pero todo sigue igual.

Saludos y gracias por el aporte