23 jun. 2010

"El Flaco" se monta en su modelo T

Imagen: serie De puño y letra, caligrafía de escritores nacionales, de Melvyn Aguilar

Presentación

Modelo T. Antología Personal. 1999-2009
Alfredo Trejos

Presenta: Cristian Marcelo Sánchez


Estación tropical
Presenta: Alejandro Cordero

Lugar: Casa de la Cultura Popular José Figueres Ferrer
Dirección: 700 m norte y 200 m oeste de Bagelmen´s, Barrio La California
Hora: 7:30 p.m.
Día: jueves 24 de junio de 2010

Alfredo Trejos se acerca  sus 33 años, y quizá alguna ironía o herejía por tal número sería de su agrado… o quizá no. Y así, con tres libros publicados y un nombre dentro de las letras costarricenses contemporáneas, se atreve ahora a hacer un recuento de su trabajo, y nos ofrece Modelo T. Antología personal. 1999-2009 (Guatemala: Catafixia Editores, 2010). Tal intento me parece sumamente válido  y provechoso. Como he dicho en otros momentos, en Costa Rica no acostumbramos revisar nuestra producción. Publicamos libros a diestra y siniestra o engordamos listas de inéditos, pero pocas veces nos detenemos a seleccionar, borrar, eliminar, perder, tachar, borrar, guardar o esconder. No somos pudorosos, y en arte, junto con osadía, ego inflado y grandilocuencia, hay que tener mesura, generosidad y sobriedad. Por eso, es destacable que Trejos haya decidido presentar una antología personal. Lo sabemos bien, a fin de cuentas solo quedan unos cuantos poemas.

No sé si la propuesta del Flaco sea la más acertada en este momento, pero no debe eludirse por ningún motivo. Quienes conocen sus textos encontrarán poemas de Carta sin cuerpo, Arrullo para la noche tóxica y Vehículos pesados. Además, hay poemas inéditos pertenecientes a un poemario llamado "Cine en los sótanos". Particularmente, mi libro preferido es el primero. Creo que hay en él todo el arrebato poético de las primeras letras, y prefigura el pathos existencialista (melancolía, nostalgia y desgarro) que permea toda su obra, un pathos que se manifiesta entre las calles y la noche, en la soledad.  Quizá ha ido cambiando, y su tono se ha vuelto más directo, más sencillo, coloquial o urbano, dirán otros. En todo caso, esta antología personal nos permitirá observar ese camino que, ahora, montado en su modelo T, recorre por la noche con la misma calma, con el mismo dolor.

Yard

De vez en cuando
viene un hombre
y corta la hierba crecida,
la mala y la buena,
y las flores con las que
no hay caso,
esas que casi se lanzan
bajo el cuchillo o bajo la bota
y que una vez derribadas
parecen de la familia.

Recuerdo bien
a todos los que han venido
por este trabajo.

José media metro y medio
y casi cortó a mi perro en dos
demasiadas veces.

Mi padre dejó
que plantara maíz
y que encantara serpientes.

Mascaba tabaco,
nadie fue más obsceno
con mi madre
y jamás conoció
la gasa estéril.

Nunca fue más dueño
que de su maldad
y sus mazorcas.

Murió entre hermanas carmelitas
y el corazón le quedó
como un sombrero retorcido.

Félix llegaba y se iba
caminando. Casi quince kilómetros
con casi ochenta años
y lo hacía sin quejarse.

Sus ojos eran mapas
para hallar agua.

Cómo esperé en vano
que un día dijera:
“la verdad no necesito usar cuchillo:
la hierba cae porque cumple
sus promesas”.

Molina por las noches
cuidaba una gasolinera
pero a la luz del sol
lo suyo era la jungla.

Sentado en un quicio roto
tomaba café frío
de una botella de salsa
y respondía preguntas
como un oráculo
al que Dios le negó
un mejor empleo.

La verdad cuando se iba
dejaba todo casi igual.

Si acaso le robaba a mi padre
sólo pido que les haya robado más
a los que lo merecían:

al vicario,
al sacristán
y al dueño de la gasolinera.

Eduardo es el que viene
en esta época.

Él y mi perro en esta época
se aman como si en otra vida
hubieran compartido celda y pan.

Habla demasiado,
pero le hace la guerra mecanizada
a cualquier cosa fuera de lugar.

Intento leer sus labios
cuando trabaja
y parece que reza.

Parece decir:
“las rosas jamás vivirán bien aquí”.

Nada cambia en mi casa.

La hierba crece
y la cortan
y la apilan
y se seca.

Aún a veces cuando paso
junto a los montones
de hierba apilada
los deshago a golpes.

Porque estos no son buenos días,
porque hay viejos asuntos
que saldar
y sombras
y equipos de fútbol
que se desangran junto al camino
y de las cosas salen gritos horribles
como de academia de karate.

Porque tengo treinta años
y esto es lo que recuerdo.

De Vehículos pesados, pp. 17-20, poema incluido en la antología

3 comentarios:

Asterión dijo...

La entrada se ha actualizado con la información sobre la presentación. Gracias a un anuncio recién encontrado en un diario nacional, nos dimos cuenta de que se presentaban dos libros, y no solo uno. El poemario de Diego Mora también fue publicado este año por Catafixia Editorial.

FRANK RUFFINO dijo...

Buen poema y deseo éxitos en la presentación del libro de Alfredo.

Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderas,

Frank.

Asterión dijo...

Frank: este poema es uno de los que más me gusta del último material de Alfredo.

Saludos y gracias por pasar