22 feb. 2010

Tres poemas de Charles Simic

 

Finales de setiembre

El camión del correo va por la costa
con una sola carta.
Al final del extenso muelle
una aburrida gaviota levanta de vez en cuando una pata
y luego olvida bajarla.
En el aire se cierne una amenaza
de tragedias por venir.

Ayer en la noche, creíste escuchar la tele
en la casa vecina.
Estabas seguro de que estaban reportando
sobre algún horror nuevo.
Así que saliste para averiguarlo.
Descalzo, con apenas una pantaloneta.
Era tan solo el mar que sonaba cansado
después de tantas vidas
de pretender apresurarse hacia algún lugar
sin lograr jamás llegar a él.

Esta mañana parece domingo.
El cielo hizo su parte
y no proyectó ninguna sombra en la acera
o en la hilera de cabañas vacías.
Entre ellas, una pequeña iglesia
con una docena de tumbas grises arropadas
como si también tuviesen escalofríos. 


En la biblioteca

Para Octavio

Hay un libro llamado
El diccionario de los ángeles.
Nadie lo ha tocado en cincuenta años,
lo sé porque al abrirlo
la cubierta se rompió, las páginas
se desmoronaron. Entonces descubrí

que los ángeles una vez fueron tan plenos
como especies de moscas.
El cielo al amanecer
solía estar repleto de ellos.
Uno tenía que batir ambos brazos
para poder alejarlos.

Ahora el sol brilla
a través de los altos ventanales.
La biblioteca es un lugar tranquilo.
Ángeles y dioses se reúnen
en oscuros libros sin abrir.
El gran secreto yace
en algún estante que la señorita Gómez
revisa cada día en sus rondas.

Ella es muy alta, así que mantiene
su cabeza atenta como si escuchase.
Los libros susurran.
Yo no escucho nada pero ella sí. 


Ojos sujetos con alfileres

Cómo trabaja la muerte,
nadie sabe cuán largo es su día. La pequeña
esposa siempre sola
plancha la ropa de la muerte.
Las hermosas hijas
se sientan a cenar a la mesa de la muerte.
Los vecinos juegan
naipes en el patio
o sencillamente se sientan en las gradas
a beber cerveza. La muerte,
mientras tanto, en una extraña
parte de la ciudad busca
a alguien con un mal resfriado,
pero de algún modo la dirección está equivocada.
Incluso la muerte no puede encontrarla
entre todas las puertas cerradas…
Y la lluvia empieza a caer.
Una noche larga y ventosa se aproxima.  
La muerte no tiene ni un periódico
para cubrirse, tan siquiera
una moneda para llamar al elegido,
que se desviste lentamente, somnoliento,
y se acurruca desnudo
en el lado de la cama de la muerte. 


Traducción: Gustavo Solórzano Alfaro, 2010 

Sobre Charles Simic y versiones originales 

Otros poetas, otras traducciones

10 comentarios:

J.P. Morales dijo...

Me diste por donde es con este tríptico. El primero está cargado de una desolación que se viene encima, que está por llegar. Pareciera que el yo habla desde el silencio antes de la tormenta. Imágenes muy hermosas y cargadas de fuerza. Renueva conceptos muy usados en poesía, como el mar. El segundo se mete en el terreno de la literatura misma. El libro abandonado que desaparece por no ser leído, el secreto oculto en un anaquel de la biblioteca... muy bello poema también. Pero el último fue mi favorito. Todo lo que incluya a la muerte personificada ejerce una fascinación casi devocional sobre mí. Este fue el caso. Muy interesante perspectiva desde la cual ver a la muerte. Muy humana. En síntesis: desolación, literatura y la muerte como personaje. Tres de mis temas favoritos. Buenas traducciones, Gustavo. Gracias por compartir.

Silvia Piranesi dijo...

Me encantó. Gracias Asterión por la lectura de hoy. :)

Mon dijo...

Qué rara destreza de poder contar un paisaje, sin narrar y sin describir a la vez. Bellísima la imagen del mar en el primer poema, y eso que sacarle una imagen nueva al mar a estas alturas...
También me encata el tema de la muerte, interesante como logra el poeta acercar la muerte a la cotidianeidad.
Saludos.

Asterión dijo...

J. P.: muy bien sintetizados los temas que parece haber en estos textos, a partir de ideas que atraviesan la historia de la literatura, expresadas de forma genial.

Gracias por tu atenta lectura y tu comentario

Silvia: me alegro de que te gustara.

Mon: su estilo transita por la senda de lo coloquial de los poetas europeos, anglosajones especialmente, siempre muy precisos, acertados, con imágenes sencillas pero profundas.

Saludos a los tres y gracias por pasar

FRANK RUFFINO dijo...

Poeta Gustavo:

Tres buenos poemas que nos traes de este gran poeta europeo. Os dejo este otro de Charles Simic:

Descripción de algo perdido

Nunca tuvo nombre,
y tampoco recuerdo cómo lo encontré.
Lo llevaba en mi bolsillo
como un botón perdido,
aunque no era un botón.

Películas de vampiros,
cafeterías abiertas toda la noche,
bares oscuros
y salas de billar
en calles aceitadas por la lluvia.

Llevaba una existencia tranquila y anodina,
igual que una sombra en un sueño,
un ángel en un alfiler,
y entonces lo perdí.
Los años transcurrieron con su hilera de estaciones sin nombre,
hasta que alguien me dijo, «Es ésta», y, estúpido de mí,
me bajé en un andén desierto
sin ninguna ciudad a la vista.

Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderas,

Frank.

Asterión dijo...

Frank: así es, un gran poeta. Muchas gracias tambien por el poema.

Saludos y gracias por la visita

ángel dijo...

Por coincidencia, he publicado este mes un poema de Simic en mi espacio. Y otro de una autora costarricense que me parece poco e injustamente conocida.


Saludos...

Asterión dijo...

Ángel: claro, vi la publicación de este mes, y pensé lo mismo sobre la coincidencia.

En cuanto a Eunice, una genialidad, una gran poeta, que tuvo que vivir exiliada entre México y Guatemala. Gracias por darle un espacio.

Saludos

Santos Vega dijo...

Buen aporte, Salút!

Asterión dijo...

Santos Vega: bienvenido a esta casa. Gracias.

Saludos