14 ago. 2009

Woodstock: el mito a cuarenta años

Woodstock Music & Art Fair
presents
An Aquarian Exposition
(1)

I came upon a child of God,
he was walking along the road
,
and I asked him, where are you going?
,
and this he told me
:

I´m going on down to Yasgur´s farm
,
I´m going to join in a rock n roll band,

I´m going to camp out on the land
,
I´m going to try an get my soul free
.

We are stardust,

we are golden
,
and we´ve got to get ourselves

back to the garden
.

Joni Mitchell

Lo indiscutible es el fracaso
de una sencilla utopía

que intentó reclamar el paraíso.


Uwe Schmitt (2)

Cuando tenía quince años, en 1990, empecé a escuchar música de forma consistente y consciente. Esto, junto con otras circunstancias, sirvió para generar en mí un espíritu pretendidamente rebelde. Así, toda la magia de la era hippie, las revueltas estudiantiles de los años sesenta, la psicodelia y el color fueron parte de mi formación.

Por esa época, aparte de leer los clásicos, aún me dejaba seducir por libros que hoy probablemente aborrecería. Uno de ellos fue Sencillamente amor, del español Jordi Sierra I Fabra. Título original como el que más.

La novela narra la historia de un muchacho californiano de clase alta, quien antes de entrar a la universidad, decide emprender un viaje de tres mil kilómetros hasta New York, para asistir al festival de Woodstock. Es evidente la licencia de Sierra I Fabra, pues es sabido que el festival no era tan importante al principio, y difícimente una persona que no fuera hippie se iba a tomar tantas molestias, pero bueno... para mí era la gran épica de nuestro tiempo... o al menos del tiempo de los hippies.

El asunto es que emprende el viaje. En el camino conoce, como no podía ser de otra manera, a una joven, de clase baja, hippie, como no podía ser de otra manera, con la que continúa su camino y de la cual, adivinaron ustedes, irremediablemente se enamora.

Pasan mil peripecias, aventuras, situaciones y etcétera. No recuerdo si cogieron, pero creo que sí. Finalmente, llegan a Woodstock. Y es aquí donde nuestro protagonista descubre que ella, como los elefantes (la metáfora es de la misma joven, no mía), al padecer leucemia, creo, decide peregrinar hasta Woodstock, como su gran cementerio utópico. Aquí la licencia también es obvia, pues ella no podía saber que el festival llegaría a ser un mito.

Como ven, una joya de historia: profunda, original y psicológica.

¿Y a qué viene todo esto?

Quizá por el desencanto. Después de que uno llena sus cuadernos de colegio con letras de canciones como "Blowin´in the Wind", "Imagine" o "The Sound of Silence". Después de ver The Doors, de Oliver Stone, o The Wall, de Allan Parker, no será difícil que por esa vía llegue a Rimbaud o a Nietszche, y entonces ya sabemos que el idealismo utópico probablemente sea cambiado por el mayor pesimismo existencial.

En esos años, me juraba a mí mismo que si llegaba a organizarse un concierto como Woodstock, yo haría el viaje, sin importar las condiciones, con tal de encontrarme con la historia de frente y marchar con ella. En 1999 se celebraron treinta años de aquel festival de las artes y la música, aquella "exposición acuariana", como también se denominó. En ese 1999, tal idea me pareció ridícula. Y claro, ni intención de ir a ninguna parte.

El festival de Woodstock, como todos sabemos, empezó como otro gran festival, con música, con arte: un gran gancho para los hippies, como lo fue el de Monterrey el año previo. Se esperaban unas 180 mil personas. Los artistas que se presentaron, en su mayoría aún no eran conocidos, y en general, era un festival con músicos de segundo orden. Muchos de ellos se vieron catapultados a la fama después de este festival y debido a sus muertes, como Hendrix o Joplin. Es decir, el festival no era nada especial ni pretendía serlo. Era solo una idea para hacer dinero de un grupo de hippies con algunos estudios universitarios.

¿Y por qué es tan importante? ¿De qué modo transformó la música, la cultura o lo que sea? Pues ni fue tan importante ni cambió nada. Fue solo la fiesta de despedida de una época, de una moda, de un remedo de intento.

Woodstock no fue la culminación del flower power, como se ha querido ver: fue el inicio de una era donde el capitalismo encontró otra forma de dominación. Como toda válvula de escape, Woodstock significó tres días de paz y amor que resultarían inofensivos para el sistema. En masa, la gente asisitó y consumió, y dejó libre el camino para que la industria se apropiara del significado y lo conviertiera en un mito, y en uno mercadeable durante décadas por venir. Ver medio millón de personas actuando como un solo cuerpo es el sueño de cualquier publicista o mercadotécnico.

La contracultura hippie fue vacía, banal y superficial. Por ingenuidad o por lo que sea. Woodstock no fue una declaración filosófica o política, fue solamente una casualidad. Ahí donde mayo del 68 tuvo connotaciones políticas, por ser parte de planteamientos de cambio previos, o las revueltas en el "tercer mundo" dejaban estelas de muerte, Woodstock fue solo producto del azar, y fue eso lo que lo convirtió en mito. Hoy, es fácil vender esa imagen. Difícilmente vemos gente organizando un nuevo mayo 68. La prueba de lo anterior es que aquellos que de alguna forma gestaron este movimiento o fueron parte de él, como The Beatles o Bob Dylan, no estuvieron o no pudieron estar presentes en este festival.

Woodstock, cuarenta años después, es un campo verde, una placa, un recuerdo, un producto que se vende, nada más, ni nada menos.

Y así, la respuesta siguió flotando en el viento, liviana e inofensiva, mientras los hippies se retiraban a sus casas, para reintegrarse a su destino suburbano y empezar a educar a sus hijos: los yuppies de los ochenta.

Fueron "hijos de Dios", "fueron polvo de estrellas", pero jamás pudieron regresar al jardín.

Notas:

(1) El festival se llevó a cabo a los días 15, 16 y 17 de agosto de 1969, cerca del pueblo de Woodstock, New York, en la granja de Max Yasgur.

(2) Remito al excelente ensayo "Una nación por tres días. Sonido y delirio en Woodstock", de Uwe Schmitt, en Uwe Schultz (dir.),
La fiesta. De las saturnales a Woodstock, Madrid: Alianza Editorial S.A., 1994: 73-94.

Al menos nos queda la música

The Beatles no estuvo presente, pero Joe Cocker se encargó de dejar una huella con esta magnífica reinterpretación de "A Little Help from my Friends".


18 comentarios:

Marco dijo...

Buena Tavo... entre lo que nos has dejado por acá pocas lecturas he disfrutado tanto...

Y bueno, yo nunca soñé con hacer ese viaje... pero sí he esperado (para no declararme el pesimista existencial) el mayo del 68...

Asterión dijo...

Marco: me alegro mucho de que te haya gustado el texto.

Y no creás, a pesar de lo que digo, muy en el fondo, también me gustaría ver una revuelta, ojalá universal.

Saludos.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Gustavo y compañía:
Bueno, te recomiendo el documental "Woodstock", que en realidad es el concierto filmado. Impresionante, curiosamente no tanto los momentos de leyenda, para mi gusto, sino algunos de los artistas "menores".
Lo aborrecerías sin duda alguna (me refiero a los libros de Sierra y Fabra). Y si conocieras al personaje, más.
Y tienes toda la razón. Siempre he pensado que Woodstock ha sido mitificado a posteriori ("¡El gran acontecimiento musical después de Woodstock!") con una finalidad comercial muy clara. Conozco gente que va a todos los festivales que se les ponen a tiro. En su fuero interno, tienen la íntima convicción de que si faltan a uno, entonces pueden perderse algo grande (van, y disfrutan de lo que disfrutan). Pero, un detalle. Woodstock no fue un apaño comercial. Creo que pagaron la entrada 10.000. Cuando se corrió la voz de que el festival era gratuito (lo que era falso), se presentaron un millón de personas. Y los organizadores abrieron las puertas. Y tuvieron muchos problemas para recuperar la inversión, y sólo lo lograron gracias a los royalties del documental y otras regalías. De modo que los 990.000 largos disfrutaron gratis de todos eso, entre paz, amor y fango.
Y, esto, Gustavo. No te preocupes. Como ocurre con el mayo del 68 en París, todo el mundo estuvo allí. Aunque no hubieran nacido.
Y respecto a los que sí estuvieron... Bueno, que les quiten lo bailado. Como movimientos, el hippismo no tuvo ni futuro ni continuidad. Pero cada asistente a Woodstock tendrá su historia.
Un saludo!

Asterión dijo...

Lluís: sí, calro, he visto ese documental. Tiene partes muy buenas, pero incluso musicalmente tampoco es una joya.

No entendí lo del personaje.

Lo de "comercial" no es tanto que ellos pretendieron vender millones, sino que aparte de que eran hippies y querían un bonito festival, sabían lo que estaban negociando, a una pequeña escala.

Los datos de Woodstock son algo enrevesados. He visto que se afirma que esperbaan 50 000 personas, en Wikipedia ponen 186 000 (que me parece demasiado). Y luego, en realidad, quienes se enteraro de que era gratis, eran los miles de personas que aguardaban.

En lo que sí se coincide es que fueorn 500 000 mil, no un millón.

Tenés toda la razón en que quienes lo vivieron tienen una historia de lujo, y el hecho de que aquí trate de presentarlo en su dimensión humana, no significa que no me mueva a mí mismo algunas fibras íntimas.

Saludos y gracias por pasar.

Leandro dijo...

Puedo no estar de acuerdo en todos los detalles, pero sí en el "big picture" que armaste. Es que la gente necesita de esas mitologías, esas "fundaciones míticas", algo a lo que aspirar, algo que esté en la realidad (en el pasado) y que tenga la altura de los ideales que se defienden. Yo siempre digo que grupos que hoy son impresentables (pienso en U2) mañana serán clásicos irremediablemente. Uno piensa que acaso antes era más fácil crear y creer esas mitologías, y que ahora estamos superados y no nos la venden tan fácil. Un pequeño paseo por la realidad nos muestra compradores tan ingenuos como antes.

Asterión dijo...

Leandro: por supuesto, el deseo de una centro, de una idea motriz, hace que se funden las mitologías. Claro, el mercado mismo se encarga de que cada vez sean más escasas o efímeras. Pensemos en el concepto de "súper banda", aplicado en los setenta a Led Zepellin o Pink Floyd, por ejemplo. Hoy es insostenible. Curiosamente, el último grupo que aspira (y se vende así) a eso es U2, y veamos que no es una banda tampoco joven. Aquí, ni meniconar el tema de que Coldplay es l abanda "más grande" del mundo: calificativo no slo ridículo sino engañoso, pero otra muestra de esa necesidad de tener íconos más grandes que nosotros.

Ahora, como siempre, me interesa que te extendás sobre esa impresentabilidad de U2. Particularmente me gusta el grupo a partir del "Achtung Baby" (este lo pongo a la par del "Ok Computer", en sentido, forma y estilo), que me parece genial. Me gusta la voz y las letras de Bono. Los primeros discos no me llegan mucho y los últimos tampoco.

Saludos y gracias por pasar.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Gustavo:
El "personaje" es el propio Jordi Sierra i Fabra. Si lo conocieras, tu opinión sobre sus libros cambiaría, recuerdo de adolescencia o no recuerdo.
Un saludo!

Leandro dijo...

Ah, pero aquí entramos en un terreno peligroso: si te gusta U2, esta conversación no es buena. Con todo, alguna cosa digo, tratando de salirme de una discusión estética. A U2 les gusta pensar que son los Beatles de esta época, y que además tienen consciencia social. Lo segundo es lo más fácil de desarmar: basta con pensar en un hombre que se pasea en limousine de vidrios polarizados por Dublin y no toca a la gente. Su discurso suena más a "mírenme a mí que miro a los pobres" que "miren a los pobres". Ha logrado lo que nadie, lavar el pensamiento sobre la pobreza: si escucho a U2 ya hice mi parte, de alguna forma él me representa y yo ya no tengo que pensar en el tema. De alguna forma oscura yo compro discos y alimento a alguien en alguna parte. Esto sin hablar de las verdaderas acciones políticas de Bono, desatinadas, completamente inútiles, usualmente sirviendo a los intereses que públicamente ataca. ¿Por qué ha respaldado a personajes como Paul Wolfowitz? ¿Cómo reaccionó Bono, qué dijo ante el 11/9? ¿Cuál es el resultado efectivo de sus campañas por Africa?
Y aquí llegamos a la música: el resultado de esas campañas fue sin duda vender más Bono, más discos. ¿Pero cuántas canciones han dejado en nuestra memoria? Hablo de esas canciones que son la banda de sonido de una emoción colectiva, como podrían ser tantas canciones de los Beatles en los '60. ¿Dos, tres, en más de treinta años de carrera? ¿Se puede comparar con, digamos, la larga marca que dejaron los Beatles, Queen, los Rolling Stones, The Police? Sin dudas U2 llenan estadios y venden por millones discos que nadie compraría sino se llamaran U2, pero también, como bien dijiste, Coldplay lo hace, y Britney Spears. ¿Cuántas canciones resisten que no las cante Bono o no las toque The Edge o no las arregle Brian Eno? Esa es la medida: las canciones de los Beatles siguen siendo grandes canciones aunque las interprete un órgano de Casio que hace música para ascensores, o si se hacen transcripciones para orquesta o para piano o las canta un adolescente con una guitarra en un fogón. U2 es en gran medida la consecuencia de una conspiración de tecnología sonora, de grandes productores como Eno o Lanois, de una campaña publicitaria sin precedentes, de conciertos megalómanos cuyo costo está en abierta contradicción con los principios por los que dice abogar. Cuando U2 vino a la Argentina, por un lado Bono decía que los países del tercer mundo estaban bajo el yugo del capitalismo, y por otro pedía los precios para sus entradas más altos que nadie había imaginado hasta el momento. Pero la gente vendía lo que no tenía para ver a la leyenda, ese mito construido con una maquinaria cuidadosamente pensada para la demagogia y las superventas. U2 es el Stephen Spielberg de la música: populismo, mercado y la Lista de Schindler.

Asterión dijo...

Lluís: ¿Vos lo conocés? Contame más.

Saludos.

Asterión dijo...

Pero si la parte que me interesa es la estética. Dale, dale, que no me voy a pelear por ellos. ¿Qué pensás?

En lo demás, toda la razón, pero son tan evidentes que yo ya ni me molesto por ellas ni las tomo en serio. Es decir, toda esa parafernalia dizque política y demás para aspirar a un nobel y ser un mito no se la traga nadie (bueno, mucha gente sí, jeje).

Fuera de todo eso, que no vale nada y es tan vacío y superficial como lo que más, como decía antes, considero que tienen algún material valioso.

Aquí sí me parece que te vas un poco por el prejuicio de que si la música la tararea hasta mi abuela entonces es buena, y vos como músico, estoy seguro que no pensás eso.

Leandro dijo...

Me gusta pensar que si una partitura del siglo XVI hoy se sigue interpretando es porque hoy todavía emociona, es decir, es buena. Ha sobrevivido a su intérprete original, a su época, a su contexto. Ha logrado salirse del prestigio de una vanguardia, de la audición obligada de una moda, de los sonidos de los instrumentos existentes, ha sido pasada de mano en mano y cada mano subió su pulgar. Ha sido silbada por muchas abuelas. ¿Por qué tanta de esa gente que hubo en Woodstock quedó pegada a su época? ¿Qué pudo salirse de ese contexto? ¿Por qué se sigue celebrando a Hendrix en cada guitarrista eléctrico que pretende hacer un solo pirotécnico? ¿Alguien sigue silbando a The Mamas and the Papas? ¿Por qué Dylan sigue funcionando y otros no? Es ese plus de Dylan que hace que una canción sea una buena canción, y que incidentalmente la abuela la silbe. Ignoro qué hace de "In my life" una canción tan buena, mejor que, digamos "All you need is love", una canción igual de popular pero sólo una canción más. Algo que trasciende que la cante John Lennon ó José Feliciano. Una canción de U2 es en gran parte la voz característica de Bono (sic) Vox, y en otra gran parte un trabajo de producción de estudio de la mano de ingenieros reputados. De esta manera, las canciones de U2 empiezan y terminan en U2, con muy pocas excepciones. ¿Qué sería de un disco de U2 sin Brian Eno? ¿Qué canciones sobreviven sin el ropaje suntuoso que se les impone en el estudio? ¿Qué queda de "Where the streets have no name" cuando la ejecuta otro, como Pet Shop Boys? ¿Hay covers de alto perfil de temas de U2? Creo que hasta Michael Jackson ha recibido esa forma de la admiración que es el cover (o incluso el plagio) de parte de grandes músicos. Hasta Jackson ha tenido esa otra forma de la admiración que es el reconocimiento de un par que busca hacer un dueto: pienso en McCartney, en Mercury, en Stevie Wonder, en Prince, todos han estado de buen grado con Wako Jacko. Bono ha logrado sólo el acercamiento de socios de franquicias similares como Pavarotti, Coldplay ó Green Day.
Tomemos cualquier producción de un músico, saquémosle su interpretación: si lo que queda es nada, estamos ante una obra efímera que muere con el artista, o que muere en los discos del artista: en el mejor de los casos, Elvis Presley, Ella Fitzgerald. Se trata grandes intérpretes, pero difícilmente grandes compositores de canciones. Una gran canción fluye y excede a su intérprete, a su disco, a sus versiones, a su época, a sus modas sonoras. Dos o tres canciones de U2 sobrevivirán, pero es magra cosecha para más de treinta años de intentar duro ser los Beatles. Sí sobrevivirá un mito que difícilmente esté a la altura de las canciones.
Ahora, dichas estas cosas, paso a mi opinión personal, creo que es lo que buscabas, jaja. Si me decís "U2?", yo contestaría "no, not me". Nada o casi nada me gusta de U2. Me gusta una canción como "Red Hill Mining Town", aunque me hubiera gustado que alguien más la cantara, no Bono, con esa forma de cantar cuya perfecta exposición cabe en esa parodia que le gustaba hacer a Adam Sandler en SNL. Me gusta el trabajo de guitarras de The Edge en "Bullet the blue sky". Me gustan mucho muchos arreglos que ha hecho Brian Eno, pero eso no cuenta, ¿no? Entonces creo que sumarizado todo lo que me gusta de U2, jeje.

Asterión dijo...

Yo estoy de acuerdo en que hay obras de calidad, que tienen "algo más" y otras que no. Soy el primero en creer eso. Sin embargo, también es sabido que muchas obras requieren de tiempo para empezar a ser apreciadas. Esto lo digo en general, no afirmo que sea el caso de U2.

Por otro lado, así como la vida y los actos públicos de un artista nunca me desvelan y me parecen irrelevantes, quiénes están detrás de sus producciones tampoco. Caundo yo digo The Beatles, me refiero al producto que sale bajo dicha "marca", porque a fin de cuentas eso es. Cuando digo U2, no pienso en la imagen romántica del grupo, pienso en el trabajo que se nos da bajo dicho nombre.

Desde ese punto de vista, podríamos criticar a The Beatles por haber usado tanto material propio de Martin o de los ingenieros.

Los cuatro chavalos que son la imagen pasan a segundo plano. Entonces, un disco como el "Achtung baby" me parece válido como texto, no porque sea exclusivo de Bono and co. o de Lanois y Eno. Es una obra donde se conjugan, ahí sí, las capacidades de un buen baterista, con un buen letrista y un guitarista que ha sabido crear un sonido a partir de sus limitaciones (el bajista es un cero a la izquierda), junto con la capcidad de arreglos y producción del otro par, para producir un disco pop diferente y vanguardista. Pero más allá, temas como "One" o "So cruel", se podrían sostener con solo guitarra y voz.

Bueno, tema que da para mucho. Seguimos.

Leandro dijo...

Comparemos a U2 con Radiohead. Radiohead también parece depender de sus grabaciones de estudio, de sus productores, pero llegan al escenario y los tipos se prenden fuego. Una canción hiperproducida como "Like spinning plates" o "Pyramid song" funciona igual con sólo Yorke al piano. Son músicos en el escenario o en el estudio, que recrean cada vez canciones extraordinarias, canciones que por su originalidad y su calidad han sabido asombrar a músicos de todas las extracciones. Es probable que las limitaciones técnicas de The Edge sean comparables a las limitaciones de Jonny Greenwood, pero Greenwood es un músico harto más interesante que The Edge, el guitarrista que sin sus efectos es incapaz de producir nada. U2 en vivo se parecen a The Edge: una maquinaria que reproducen con una tecnología sonora costosa canciones tan mediocres o atadas a un registro de estudio que se ven obligados a distraer al público con una retahíla de extravagancias escénicas. A peor disco, mayor circo (¿Pop Mart Tour?). Es cierto que One se sostiene sólo con la guitarra y la voz, pero ¿cuántas canciones más? Fuera de su producción extraordinaria, cortesía de Eno, I still haven't found what I'm looking for" no se sostiene ni con un coro de gospel. Hay que admitir la realidad: U2 es el equivalente pop de Kiss o de Metallica: una sociedad de empresarios (que puede incluir a Lanois o a Eno) cuya meta es la fama y el dinero. Las leyes probabilísticas han fomentado la aparición de alguna buena canción, dada la antigüedad del emprendimiento, es natural. Hasta Kiss ha producido alguna canción válida en tantos años de empresa, con productores menos capaces, un público menos exigente y con aspiraciones más modestas.
Respecto a que un productor es una parte más de la producción de una canción, es discutible. Creo que las mejores canciones de los Beatles son independientes de su producción. Creo que ciertas canciones de Queen (notoriamente "Bohemian Rhapsody") requieren una producción sofisticada para salir, pero de ninguna manera dependen de un productor, de una grabación, de una tecnología en particular. Su magia puede escribirse en un papel pentagramado: es música, no efectos especiales. Una mujer hermosa (para no discutir, podés elegirla vos) puede quedar más bella si está vestida de lujo, si la han peinado y maquillado para destacar sus mejores atributos, pero cuando se desnuda de esos artificios, sigue siendo una mujer hermosa.

Asterión dijo...

Para ponerlo fácil, estoy de acuerdo con vos en los lineamientos generales. Jeje, me hace gracia, porque nunca me he preocupado mucho por U2.

Quizá donde no convergemos es en la cantidad de material que vale la pena. Creo que no son solo parafernalia, y hay bastantes canciones que se pueden rescatar, y que con una acústica y una buena voz, logran ser temas logrados y acabados.

Repito, no es mi intención defenderlos como una súper banda porque no lo son, y no todo su material es bueno, pero creo que el nivel que han manejado es bastante digno y algo superior al promedio.

En fin, me quedo con The Beatles, Led Zepellin, Pink Floyd, Queen, Radiohead, etc.

Fuera de eso, me encantaría saber qué pensás de otros grupos o artistas, como Rufus Wainwright o The White Stripes, que me gustan mucho. Y uno que seguro le das duro (porque se lo merece): Oasis.

Saludos.

Leandro dijo...

Creo que quedé afuera de esos grupos que nombrás. Rufus Wainwright me gusta como canta, como Mika, no escuché aún una canción que me fascine, pero tampoco he escuchado tantas. De los otros dos, cómo compararlos con sus originales, digamos, Led Zeppelin o The Beatles, respectivamente. Con todo, Oasis tiene algunas canciones que me gustan; en cambio, a Jack White no lo tolero "cantando".

Asterión dijo...

De Mika solo he oído un par de temas, y me parecen graciosos, pero jamás al nivel de Rufus. Este me parece u tipo único dentro de los más recientes. En todo, en su estilo, en su voz, en la capacidad melódica. Y tiene ese gusto por lo barroco que va muy bien conmigo. Y acaba de estrenar una ópera. En esto no le tengo mucha fe, pero veremos. The White Stripes es otro que me gusta mucho. Su propuesta me parece muy fresca y muy bien hecha. Jeje, te imagino sufriendo con la voz de Jack.

Y Oasis me gusta, pero se volvió tan monótono y predecible. Todo suena igual. Al menos creo que ya no aspiran a ser The Beatles.

Leandro dijo...

Creo que Oasis nunca aspiró a más que eso, su carrera está basada en una sola canción de Los Beatles.
Debería prestarle más atención a Rufus, entonces. Escuché poco, "Across the Universe", que no me gustó tanto como la versión de Fiona Apple, y "Hallelujah", que no me gustó tanto como la versión de Jeff Buckley, bellísima. ¿Me recomendás algo especial para escuchar?

Asterión dijo...

Has escuchado algunos de sus covers. En el segundo disco tiene un cover de su padre, de quien nunce he oído nada. También tiene covers en franacés, muy buenos.

Me la ponés difícil. Recomendar es como dar un cheque en blanco, jeje.

Tiene cinco discos, hasta ahora: "Rufus Wainwright", "Poses", "Want One", "Want Two" (conjuntados en "All I Want") y "Realese the Stars". Tiene uno doble en vivo: "Rufus does Judy Garland", en el que reprodudce un concierto de ella en el Madison... pero este no lo he escuchado. Y su ópera, que creo no ha salido en CD.

Quizá te recomendaría el primero y los dos "Want". A mí me gustan más porque son más barrocos y sobrecargados. El segundo y el quinto son más livianos en eso, más pop. En "Want One" hay una que se llama "Oh, What a World", donde intercala el "Bolero", de Ravel: muy kitsch, pero muy efectivo. También tiene algunas con letra suya en francés.

Bueno, ahí está. Ya me dirás.