9 may. 2009

La infancia perdida I (tres textos)

El ser humano es un ser insatisfecho. Nada nuevo hay en esa afirmación. Por ende, toda su vida no es otra cosa que la búsqueda de la felicidad, la satisfacción. Toda empresa humana es una forma de llenar el vacío que ha significado el nacimiento, a partir del cual no hacemos otra cosa que esperar la muerte. Desde este punto de vista, esa pérdida que se ha sufrido queda marcada en la infancia, pues para bien o para mal, llegaremos a ser una proyección de aquello que dejamos atrás.



El arte, probablemente, me atrevo a decir, cumple exactamente dicha función: devolvernos al vientre materno, al paraíso perdido. Es el intento último por recuperar nuestra infancia. Así, dos películas que probablemente estarán en el canon de una gran cantidad de cinéfilos, se ven hermanadas por esta idea, por esta pretensión. La primera de ellas es Citizen Kane (Estados Unidos, 1941), coescrita, coproducida, protagonizada y dirigida por Orson Welles; la segunda es Cinema Paradiso (Italia, 1988), escrita y dirigida por Giuseppe Tornattore. No me voy a extender en la historia de cada una. Solamente aquello que nos interesa en estos momentos.



Siendo un niño, Charles Foster Kane es separado de su hogar, con la idea de que obtendrá una mejor vida, lo cual se cumple en términos materiales, pues llega a construir un imperio multimillonario al manejar importantes medios de comunicación. Seña de este imperio es la construcción de un palacete, Xanadú, que sabemos representa la idea del paraíso. Sin embargo, antes de morir, la palabra final que sale de su boca es “rosebud”, centro del enigma alrededor del cual se desarrollará la película. Con la última escena, nos damos cuenta de que Rosebud es la marca del trineo que perdió en su infancia, cuando tuvo que irse de la casa paterna. Entonces, todo el imperio mediático no es otra cosa que una metonimia del trineo.







Prestemos atención a las declaraciones del reportero que ha investigado la vida de Kane, quein señala:

I don’t`t think any word can explain a man`s life. Now I guess “rosebud” is just a piece in a jigsaw puzzle, a missing piece. [No creo que ninguna palabra pueda explicar la vida de un hombre. Ahora, creo que “rosebud” es solo una pieza en un rompecabezas, una pieza perdida.]

Cuán equivocado estaba el reportero, pues la vida solamente se hace comprensible a través del lenguaje, como sucede en la obra de Umberto Eco, semiótico por excelencia, quien está obsesionado con el signo, ese que se fuga en el último minuto, cuando nos quedamos con un palmo de narices o con la revelación final: solo tenemos nombres, palabras, lenguaje. Las palabras solamente son palabras.



En su última novela, La misteriosa llama de la reina Loana, el personaje central ha perdido la memoria. Para reconstruirla recurre a la casa de su infancia (el tiempo feliz, ya olvidado o cercenado por la conciencia). Allí se dará cuenta de que su historia es una historia literaria (así como cinematográfica será la de Toto en Cinema Paradiso). No hay verdad más allá de la que ha sido forjada por los signos y perpetuada por la indiferencia o el olvido. Pippo (tal es el nombre de nuestro personaje) ha buscado toda su vida una única cosa: a la niña que conoció en el sexto grado, el amor de su vida, transfigurado en todas las mujeres que le fue dado conocer, borrada por la niebla del tiempo. Y finalmente, cuando por fin está a punto, luego de un viaje a la semilla, de ver el rostro de ella otra vez salir por la puerta, el signo se evapora de nuevo: la verdad ¿cuál?

Por fin sabré cómo recitar eternamente la escena final de mi Cyrano, sabré qué es lo que he buscado toda la vida, desde Paola a Sibilla, y volveré a la totalidad de mi ser. Estaré en paz.



Cuidado. Tendré que estar atento a no preguntarle una vez más: «¿Vive aquí Vanzetti?» Por fin tendré que aferrar la Ocasión.

Pero un ligero fumifugium color ratón se está difundiendo en la cima de la escalinata. Ya vela la entrada.

Siento una ráfaga de frío, levanto los ojos.

¿Por qué el sol se está poniendo negro? (Barcelona: Lumen, 2005, p. 485)

En Cinema Paradiso, la infancia de Salvatore está marcada por las imágenes cinematográficas: su realidad es la que emerge de la pantalla. El tiempo pasa y Toto debe abandonar su pueblo, el cual parece estar obligado a olvidar, en aras de poder realizarse como persona, lo cual logra, puesto que llega a ser un reconocido director de cine. Entre ese momento y el regreso a su pueblo, algo se ha perdido para siempre, y Toto tan siquiera sabe qué es. Finalmente, Alfredo, su gran amigo, antes de morir le deja una cinta: cuando Toto la ve, todo adquiere sentido nuevamente, y así, entre nostalgia y alegría, se da cuenta de que toda su vida solamente fue un intento por recuperar ese pedazo de cintas recortadas, inconexas; un intento por recuperar su infancia.



6 comentarios:

Luissiana Naranjo dijo...

En el principio fue el beso... cada vez que besamos se recupera un poco la infancia que no fue... el placer de la existencia.
Muy buena la relación del texto con fragmentos del cine y elementos poéticos.

Carolina dijo...

La nostalgia de los pedazos rotos. Me gustó que hicieras comparaciones a partir de dos películas opuestas (opuesta por la crítica, quiero decir). La primera incansablemente celebrada. La segunda tildada como "bonita" y lacrimógena.
Ahora, ¿será que toda la vida estaré buscando la almohadita con jirafas que mi madre botó por considerarla muy vieja? El sindrome de Lino, tal vez ;)
Espero tu segunda parte.
Saludos.

ANA dijo...

¿Será deformación profesional que los dos diálogos cinematográficos me parecen más placenteros que el literario?

Asterión dijo...

Luissiana: y en el final también. Gracias por tu apreciación sobre esta entrada.

Carolina: "Citizen Kane" es genial, pero lo mismo pienso de "Cinema Paradiso". Cierto, lacrimógena, yo lloro como desesperado cada vez que la veo, pero puedo decir que no soy de lágrima fácil en las películas. Una cosa es la cursilería y la manipulación emocional de Hollywood y otra muy distinta, el alcance de esta joya.

En cuanto a tu almohadita, pues sí, la estarás buscando toda tu vida.

¿Y de dónde asumes que habrá segunda parte?

Ana: probablemente sí se deba a tu formación, es normal. Ahora, ¿exactamente a qué te referís respecto de estas películas y la novela?

Saludos a las tres y gracias por la visita y el comentario.

Leandro dijo...

Es difícil emocionarse con "Citizen Kane", por otro lado. Creo que aquí, desde la crítica, retomaste un tema que trabajás usualmente desde la intuición poética, ¿no?

Asterión dijo...

Leandro: así es, el tema del ”paraíso perdido” es quizá, y será, motivo central de mis trabajos, desde la poesía hasta el ensayo.

Lo que menciono aquí sobre ”Cinema Paradiso” y ”La misteriosa llama...” son párrafos adaptados de mi ensayo ”La herida oculta. Del amor y la poesía. Una lectura del poema ”Carta de creencia”, de Octavio Paz”, que está próximo a publicarse. En el otro blog, he puesto también algunos fragmentos de este trabajo.

Para completar la referencia, te diré que dicho texto fue mi tesis de maestría, y la defensa terminó precisamente con esta escena de ”Cinema Paradiso”.

Saludos y gracias por pasar.