25 abr. 2009

Ordet (La palabra)

Ficha técnica:



Dirección y producción: Carl Theodor Dreyer

Guión: Carl Theodor Dreyer y Kaj Munk (basada en la obra de Kaj Munk)

Protagonsitas: Henrik Malberg, Emil Hass Christensen, Cay Kristiansen y Preben Lerdorff Rye.

Música: Poul Schierbeck

Fotografía: Henning Bendsten

Edición: Edith Schlüssel

Escenografía: Erik Aes

Lanzada el 10 de enero de 1955

Duración: 126`

País: Dinamarca



Ordet es una de las películas más maravillosas que haya visto en mi vida, y esta idea, este gusto, es básicamente lo que querría compartir con ustedes, pues realmente es difícil hablar de este filme.



Basada en una obra teatral, esta es la penúltima película de Carl Theodor Dreyer (quizá más conocido por su versión de 1928 de Juana de Arco), un cineasta que a pesar de relativos “éxitos”, tuvo que enfrentarse a un sistema al cual no comprendía, como suele suceder, y que tampoco logró comprenderlo a él.



La historia se desarrolla en Dinamarca, y cuenta la historia de Morten, padre de tres hijos: Mikel, Anders y Johannes. Morten es un hombre religioso, pero su primer hijo, casado con Inger, ha perdido la fe. Su segundo hijo, Anders, desea casarse con la hija del sastre del pueblo, Peter, también hombre devoto, pero quien tiene diferencias con Morton por sus posiciones. Morton considera que su iglesia se relaciona con la vida, mientras que la iglesia de Peter se fundamenta en la idea de la muerte. Finalmente, el tercer hijo, Johannes, teólogo, especie de Quijote danés, se ha vuelto aparentemente loco, a partir de las lecturas de Kierkegaard y afirma ser Jesús.



El tema es evidentemente de carácter religioso, y plantea como punto central un problema acerca de la fe; sin embargo, su capacidad estética se superpone, para terminar por redondear una metáfora mucho mayor, sin caer en dogmas o discursos manidos.



Está filmada en blanco y negro. La banda sonora es delicada, montada a partir del juego con los silencios. La escenografía se limita a los interiores de las casas de Morton y Peter y a los exteriores, donde predominan trigales levemente mecidos por el viento. Así, con una increíble economía de recursos, el filme nos adentra en las relaciones familiares, las dificultades del amor en ambientes cerrados, y por supuesto, el dilema de la vida y la muerte. Los diálogos entre Morton y Peter podrían ser considerados el centro del relato, hasta la situación que viene a “resolver” los conflictos y es el desenlace.



Johannes ha salido de la casa, nadie sabe dónde se encuentra y todos temen lo peor. Mientras tanto, Inger, esposa de Mikkel, va a dar a luz, pero el parto es complicado y el niño nace muerto. Minutos después, ella también muere. Johannes reaparece y promete que la va a resucitar, lo cual efectivamente hace. Inger resucita y Mikkel recupera la fe.



La idea es sencilla, pero tiene connotaciones ulteriores sumamente complejas, y es evidente que Dreyer no pretende darnos “una lección de fe”. Al contrario, al aceptar el relato bíblico de la resurrección, lo que ha logrado, además de apostar por el concepto de “vida”, es plantear la duda en el seno mismo de la religión. Nadie cree en Johannes, incluido el espectador, y de repente este logra resucitar a su cuñada. Lo que se instaura es la perplejidad, la incredulidad tamizada por el asombro, lo extraño y ominoso irrumpe en la escena y nos deja pensando en la posibilidad, en la fe como acto y modo de vida. Mikkel, claro está, recupera su fe, como le sucedería quizá a cualquier persona que se encuentre en una situación límite, pero nosotros, como espectadores, quedamos con un problema filosófico, teológico, entre manos. Lo que cada cuál haga con él es otro asunto, y esa es la capacidad de la grandes obras de arte.





8 comentarios:

Lluís Salvador dijo...

¡Qué grande es Dreyer!
Por cierto, aquí acaba de aparecer la edición restaurada de Vampyr, que fue su primera película sonora, con escenas inéditas y algunas cosillas interesantes.
Muy buena la apreciación y sobre todo el no dejar en el olvido a un grande.
PS: "Dreyer es el único director del que me gusta volver a ver sus películas, porque aprendo cosas" (Alfred Hitchcock)
Un saludo!

Asterión dijo...

Lluís: toda esta conversación hace que me muera de ganas por ir a buscar todas las películas de Dreyer que pueda encontrar. Al mismo tiempo, me hace pensar en Tarkovski y ”Andrei Rublev”, y que debo hacer lo mismo ocn este director.

Inteligente ese Hitchcock, ¿no?

Saludos y gracias por pasar.

Alexánder Obando dijo...

Me enferma oír hablar tan bien de una cinta que no he visto y no tengo posiblilidades de ver en el futuro próximo.

Por eso es que siempre acceso este "maldito" blog con cautela.

Felicidades Asterión. Me obligás a reconsiderar mi retiro de la escena cinéfila. (¡¡Ya te pasaré la cuenta del videoclub, jeje)!!

Asterión dijo...

Alexánder: a veces pasa eso con todas las recomendaciones blogueras. Es una lista interminable e inmanejable.

¿Cómo es eso que “maldito”? Ni con comillas se vale, jaja.

Ahí compartimos la cuenta. Yo necesito ver cómo hago para sacar películas en Videocentro los vienes y que me dejen devolverlas el lunes.

Saludos y gracias por pasar.

Edge dijo...

Es que Dreyer es otra cosa... fuera de lo común.

Extraordinario! es la palabra precisa.

SalU2
T.

Asterión dijo...

Edge: así es, definitivamente, extraordinario.

Saludos y gracias por pasar.

troncha dijo...

Es una de las obras maestras del cine, nadie debería perdérsela, magnifico el "tempo" que consigue el maestro Dreyer.

Muy buen blog. Te seguiré.

Saludos...

Asterión dijo...

Troncha: bienvenido al blog. Definitivamente, una obra magnífica.

Y bueno, podés visitar cada vez que querás.

Saludos.