10 abr. 2009

Opciones para pasar la Semana Santa


Hace más de veinte años, la Semana Santa duraba siete días. Afortunadamente, ahora solamente dura dos. Sinceramente no recuerdo mis sentimientos de entonces, pero sí estoy claro en que conforme fui creciendo, mi aversión hacia esta época fue aumentando y aumentando.

Vengo de una famalia católica, bastante tradicional, que en la medida de lo posible cumplía con varios ritos: no se trabaja (lo cual está muy bien), no se come carne, no se usa carro el Viernes Santo, y creo que hace más de veinte años, no se prendía radio ni se usaba el televisor. Además, se asitía a todas las ceremonias (no solo misas, porque el Viernes y el Sábado no hay misas del todo, por ejemplo, digo esto solo para aquellos que no aprendieron bien su catecismo).

Para mí es terrible la sensación que experimento todavía. No sé si es odio, dolor, melancolía o pereza, lo cierto es que me embarga una profunda depresión, que se empieza a manifestar el Miércoles en la noche (los días de la semana se escriben con minúscula, pero los de la Semana Mayor con mayúscula, es decir, para mí es un prurito ortográfico, no crean que es un resabio inconsciente de mi catolicisimo reprimido) y solo empieza a desaparecer el Viernes en la noche. ¡No tienen idea del alivio que siento cuando sé que el Sábado en la mañana todo habrá acabado! Lo curioso es que el Sábado es el día más importante en el calendario litúrgico, pues es el día en que se celebra la resurrección; sin embargo, los días que permanencen como formas de tortura, en que no se vende licor, muchos comercios no abren y no sabemos qué putas hacer en la casa son los dos días de marras. ¡Quién entiende a estos católicos!

Conforme fui creciendo, logré liberarme al menos de cumplir con todos los ritos descritos (no así con la culpa que debemos cargar), hasta el punto de ir a la playa y manejar un Viernes. Claro, después de un par de veces de ir a la playa, decidí que tampoco iba a aceptar la tortura de sentarme con millones de personas que abarrotan la arena, así que opté por la montaña, pero déjenme decirles que el sentimiento de abandono que se sufre en la montaña, así sea en un resort, es igual de terrible que al de estar en una ciudad (o en Alajuela).

Recuerdo una anécdota: en uno de esos viajes a la playa, un Jueves por la noche salí a cenar, y en el restaurante ordené carne de res, y cuál fue mi sorpresa cuando el mesero me dijo que no había porque era Jueves Santo, y que en esos días no se come carne. No podía creerlo. Pero claro, ellos sí trabajaban y si lucraban con los turistas. Ni modo.

Finalmente, la opción fue no salir más de viaje, quedarme en casa, ver todas las películas alquiladas que pueda, comer lo que guste y esperar pacientemente que termine esta semana de dos días.

Nota: Para quienes gustan de la reflexión, la meditación y el recogimiento, canales 6 y 7 tienen una variada programación: Jesús de Nazareth, Rey de Reyes, La pasión de Cristo y Atila el huno.

15 comentarios:

Alexánder Obando dijo...

Para mí la Semana Santa es ante todo encurtidos, escabeche, sardinas, bacalao y miel de chiverre. Cuando vuelva a EE.UU. esto me va a crucificar durante esos días.

Como a los 22 años dejé de ir a campamentos en Semana Mayor. Una vez me fui a Sta. María de Dota con mi mejor amigo y su novio. Llegamos a una poza que nos habían recomendado a unos cinco kms. del pueblo. Había un grupo de muchachos locales rodenado el lugar pero sin atreverse a meterse al agua. Nosotros entonces nos metimos a chapotear y a nadar para demostar que no pasaba nada. Al rato los campesinillos locales se fueron metiendo.

"¿Cómo le lllaman a esta poza?", le pregunté a uno de los muchachos.

"La poza de los pájaros", me contestó limpiándose el agua de la cara.

Volví a ver en derredor porque no había nada que sonara o pareciera pájaro y volviendo a mi interlocutor le pregunté por qué le decían así.

"Es que hace un tiempo vinieron unos pájaros de San José y se bañaron aquí", me contestó. Yo de inmediato recordé que pájaro todavía era un término muy común en CR para designar a un homosexual.

"¡De veras!", exclamé entre risas. "¿Y qué más pasó?"

El muchachillo me volvió a ver con cierto aire de travesura y me respondió: "El padre dice que no nos bañemos aquí en Semana Santa porque también nos vamos a hacer pájaros".

Yo solté la inmensa carcajada y mis dos amigos, es decir, mi mejor amigo y su novio también se cagaron de la risa.

Al muchachillo campesino le pareció muy feo no confabularse y pronto se estaba carcajeando con nosotros, al igual que sus propios amigos.

Esa tarde jugamos caballitos de guerra y yo fui muy feliz porque los guapos campesinillos, entre broma y broma, se dejaban tocar mientras jugábamos.

Espero que todavái exista "La poza de los pájaros".

Luis Antonio Bedoya dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Luis Antonio Bedoya dijo...

Confirmo cada una de tus impresiones sobre la Semana Esta y celebro el tono jocoso que le das a tus lamentaciones ad hoc, pues, en mi caso, me resulta más difícil de la cuenta ironizar con días tan aciagos como estos. Talvez, si hacemos mucho ruido al respecto, nuestra inepta élite gobernante, pertinaz y obtusa, decida no atropellar más las no creencias del buen porcentaje de no cristianos que existen en nuestro país y para quienes la Semana Santa no ofrece otra asociación que el de los recuerdos de una culpa superada con mucha dificultad. ¡Vez cómo cuesta ironizar con la copa vacía!

Gustavo Adolfo Chaves dijo...

También disfruté de la miel de chiverre de mi tía Alicia, y en este momento la extraño más que nunca. Nunca fui a pasear en Semana Santa. Mi hermana tenía una mechuda muñeca de trapo que yo anualmente crucificaba detrás de la casa. Mi hermano me hizo una matraca y con eso acompañaba esa eucaristía. Luego iba a las procesiones, que son una manifestación radical del chovinismo herediano, lo que mejor explica por qué nuestra bandera provincial es amarilla y roja, como la de cierto país hipercatólico que una vez fue nuestro madre imperial. De lo demás se encargó Nietzsche. Ahora un Viernes Santo para mí en un recuerdo de mañanas calurosas y tardes torrenciales, con la sensación de seguir siendo irremidimible.

Asterión dijo...

Alexánder: excelente anécdota. Al menos una persona se divertía bastante, jaja. Pues qué bien que hayás podido disfrutar de esa poza en esos días.

Luis: como comenté en tu blog, sí es posible ironizar, y lo demostraste. Y bueno, al menos ya pasó lo peor.

Tavo: lo de la matraca está genial, jaja, no puedo imaginarte haciendo escándalo con ella (o más bien, sí puedo imaginarlo). ¿Y ahora ya no cruficiás nada?

Saludos a los tres y gracias por visitar a pesar de ser días de guardar.

Alexánder Obando dijo...

Hay algo importante sobre lo que hemos dicho aquí: para nosotros los ticos la Semana Santa en Costa Rica, sea presente o pasada, es un fuerte factor de identidad cultural.

Asterión dijo...

Alexánder: al pensar en esta entrada, el objetivo en parte era intercambiar ideas sobre esta época en diferentes países. Tenés razón en indicar el factor de "identidad cultural", que asumo es bastante similar en el resto de Hispanoamércia; pero que imagino en ciudades como Madrid o Buenos Aires, por ejemplo, se vive de forma bastante distinta, por la dimensión de estas ciudades y la diversidad cultural.

Leandro dijo...

Hace varios años que la semana santa para mí es sinónimo de vacaciones en miniatura, o muchas veces la oportunidad de alargar unas vacaciones preparadas estratégicamente para que terminen o comiencen para esa fecha. La primera vez que me tomé unas vacaciones serias recuerdo que armé un mes bien largo incluyendo los feriados de la semana santa y del día del trabajador, para exprimir una de las pocas oportunidades que pude ir a Europa. Ignoro del todo todo el folklore asociado; la gente que conozco en Buenos Aires en general elude la parte religiosa, pero acata con fervor los ritos, que siempre son encantadores: los huevos de chocolate que favorecen indudablemente a Kinder, la rosca con crema pastelera, comer pescado a precios exhorbitantes, irse a la costa en una marea inmóvil de autos. Las iglesias están incrementalmente vacías en la ciudad; las misas las obedecen las viejas. No sé si sigue esa retahíla de películas sobre la tortura de aquel hombre; supongo que el gore de la última de Gibson al respecto habrá disuadido a más de un creyente programador televisivo. Yo por mi parte me hice agnóstico de la caja maldita, también.

Asterión dijo...

Leandro: para mí también son vacaciones; incluso, durante cinco años trabajé en un colegio judío, por lo que entre la Semana Santa católica y el pesaj judío, bien podíamos tomar dos semanas seguidas (más otra cantidad de feriados adicionales).

La paso tranquilo, descansando, ajeno a la programación y a los ritos, pero siempre hay algo en el aire que me deprime. Pero bueno, este año ya terminó.

Saludos y gracias por pasar.

Ophir Alviárez dijo...

En Venezuela no es muy distinto a como lo describes en Costa Rica y a pesar de que yo crecí en unca casa en la que no se comulgaba con nada de lo establecido por la norma católica, vivíamos muy cerca de la iglesia más importante del pueblo, así cada mañana de esos largos siete días, desde muy temprano, empezaban las campanas y nosotras las protestas porque nos arruinaban los sabrosos días de vacaciones escolares...

Definitivamente es un factor de identidad cultural, como dice Aléxander, aunque en la actualidad haya muchos católicos confrontando con la iglesia y sus "tradiciones", y qué bueno.

Hace como tres años estaba en Roma en Semana Santa y vi con fascinación y estremecimiento una procesión, todos vestían de negro o de muy oscuro, hacía un frío terrible y lo que más recuerdo eran los trajes al mejor estilo del KKK; parecía cómico pero no lo era...

Gracias por el rato y por las visitas.

Un abrazo!

OA

Asterión dijo...

Ophir: sí, eso imaginaba. Las similitudes a lo largo de Hispanoamérica son evidentes.

En cuanto a las capuchas negras, los capirotes, en realidad son originarios de rituales católicos, si no me equivoco. Asumo que posteriormente el KKK los tomó como parte de sus estrategias.

Saludos y gracias a vos por visitar.

Marco dijo...

Sé de tu aversión a estos días, lo cual reflejás muy bien en tu escrito, pero bueno... uno no elije nacer en una familia devota!

Yo, por suerte, nunca he compartido esa culpa que caracteriza estos días, y si bien es cierto pocas veces paso en San José en esta época, mi gusto por la imaginería hace que cuando toque yo felizmente me apunte a llevar a mi mamá a alguna procesión, ella con la devoción del caso y yo criticando imágenes mal vestidas, lo cursi de las declamaciones o levantándole el vestido a una virgen solo para comprobar si era de bulto...

Por lo demás, la cocina de época es fundamental, y disfruto igualmente de preparar algunos de los platos tradicionales (chiverre, panes, encurtidos, palmito, pescado seco,...). Eso sí, no soporto las sardinas!!!

Asterión dijo...

Marco: claro, bien conozco el gusto que sentís por ciertas prácticas malsanas, jaja.

La cocina es precisamente de lo que menos me gusta. Para empezar, no como mariscos, apenas atún barato de lata, y solo muy recientemente tilapia o corvineta.

Durante varios años pasé peleado con el atún, hasta que me pasó el asunto y ahora lo como cuando el tiempo o el ánimo apremian, es decir, muy a menudo.

Por cierto, ¿cómo les fue este año con los feriados de Pesaj?

Saludos y gracias por pasar.

Marco dijo...

Estamos en Pesaj, trabajamos lunes, martes y la mañana del miércoles santo y salimos libres hasta el lunes 20. Así que nuestra semana santa algo se ha extendido...

Asterión dijo...

Marco: ¡pues qué dichosos¡ Esa es una de las cosas que extraño del cole, jeje.

Saludos.