12/4/2009

Historia de la poesía costarricense III. El modernismo. Lisímaco Chavarría

Imagen: Dominguenado (s. f.), Tomás Povedano (1847-1943, pintor de origen español, vivió en Costa Rica desde 1896), Colección Museo de Arte Costarricense.

Como ya hemos señalado, la historiografía de la poesía costarricense tiende a señalar dos períodos. El primero iría de 1900 (o 1890) hasta 1940, denominado modernista; y el segundo, de 1940 hasta la actualidad (o al menos hasta 1990), denominado vanguardista. Dicha división puede seguirse en Abelardo Bonilla, Carlos Rafael Duverrán y Alberto Baeza Flores. Esta forma de entender nuestra historia es muy útil para iniciar el estudio, pero es claro hace bastante que ya no permite avanzar ni extraer nuevas aristas.

¿Por qué razón dicho modelo está agotado? Sencillamente porque se limita a separar a los grupos o generaciones según criterios meramente cornológicos, pero no atiende (o apenas si lo hace) a criterios estéticos, formación de escuelas o presencia de movimientos.

Por otra parte, en su Antología crítica de la poesía de Costa Rica, Carlos Francisco Monge esboza una subdivisión, que sería como sigue: en el modernismo estaría el modernismo propiamente dicho, el posmodernismo y la prevanguardia; mientras que en la vanguardia tendríamos tres etapas, generaciones o grupos. Esta subdivisión nos hace ver que el modernismo es (por razones diacrónicas) más fácil ahora de entender, al menos en cierto sentido, en tanto que las vanguardias siguen siendo terreno sumamente fértil, pues aún vivimos los ecos de sus manifestaciones.

Así las cosas, una revisión de la historia del modernismo se impone , pero una nueva oleada de investigaciones sobre la poesía posterior a 1940 es imprescindible. Pero bueno, veremos cómo se van dando las cosas. Por ahora, continuemos con otro representante del modernismo, Lisímaco Chavarría.

Espigas y azucenas

La muerte es un matiz de la existencia,
morir es florecer en otra forma;
la caduca materia se transforma
en ser nuevo, en rosales o en esencia.

La vejez es la humana inconsistencia
que sometida a la inflexible norma
de Natura, se rompe o se deforma
en átomos, en luz o en florescencia.

¿Por qué miedo a la muerte? No lo acierto,
si de todo placer triunfan las penas,
las cuales finan cuando el ser ha muerto.

La vida se desciñe sus cadenas
y en la huesa, en el carmen o en el huerto,
la carne se hace espigas o azucenas.

De Desde los Andes

Es indudable el influjo de un poema como "Lo fatal" (1905), de Rubén Darío, en la percepción existencial de este texto de Chavarría. Claro que el tema no es nuevo y forma parte quizá de todas las tradiciones poéticas, pero las relaciones y cercanía entre ambos poetas son más que evidentes. Lo que llama la atención es que si en "Lo fatal", de tono pesimista, existe un eco religioso, este proviene del Antiguo Testamento; por el contrario, la visión de "Espigas y azucenas", de carácter optimista, es más propia del Nuevo Testamento, con su idea de un paraíso más allá de la muerte. Por lo demás, es notorio el manejo formal del soneto por parte del poeta costarricense, y es ahí donde radica, de haberla, la calidad del texto y su capacidad para emocionar.

Lisímaco Chavarría (1875-1913)


Obra poética

Nómadas (San José: Imprenta Nacional, 1904)
Orquídeas (San José: Imprenta Alsina, 1904)
Desde los Andes (San José: Imprenta Alsina, 1907)
Añoranzas líricas: poema vivido (San José: Imprenta Alsina, 1908)
Manojo de guarias (San José: Imprenta Moderna, 1913)
Palabras de la momia (San José: Imprenta Alsina, 1919)

Historia de la poesía costarricense I. Introducción


Historia de la poesía costarricense II. El modernismo. Roberto Brenes Mesén

6 comentarios:

Marco dijo...

Lisimaco es poeta siempre presente en el imaginario familiar debido a su origen ramonense (es imposible que no esté emparentado o sea conocido de los viejos patriarcas), eso no le quita ese aire terriblemente cursi que emanan la mayoría de sus poemas, aunque formalmente bien construidos.

El aire a "Lo fatal" que mencionás es innegable, y efectivamente es tema recurrente pues se nota en demasía en algunos de los poemas de Julián Marchena, otro de los doncitos de la época "modernista" (para seguir con esa clasificación que no convence...)

Asterión dijo...

Los poetas modernistas costarricenses tienden mucho a la afectación, y estos modernistas caían fácilmente en lo cursi.

Sin embargo, sí hay trabajos de calidad, y como etapa, cuarenta o cincuenta años, algo habrán producido. Pero como digo en el post, una revisión de este canon es imprescindible.

Gustavo Adolfo Chaves dijo...

Me encantó el poema. Discrepo en tu asociación con el Nuevo Testamento: esa insistencia en la materia y en el cuerpo (los restos de un cadáver que fertilizan la tierra) dejan a este poema más allá de especulaciones religiosas. Más que un paralelo con "Lo fatal", que lo puede haber, hay aquí una versión de ese tema clásico pero también arraigadamente modernista: la decadencia. Con matices positivos, como decís. Lisímaco es de los "redimibles", mi palabra favorita de estos días.

Asterión dijo...

G.A.: Estoy de acuerdo con tu interpretación sobre “la decadencia”, pero recordemos que en el Nuevo Testamento es Pablo quien pide: “¿Quién me liberará de este cuerpo de muerte?”, precisamente porque el cuerpo, como ejemplo de lo terreno, lo que produce es sufrimiento.

Y sí, el poema es realmente bueno, y yo creo que se debe a que es un soneto clásico sin una sola falla formal (al menos que yo note).

¿Y qué opinás de la neceisdad de revisar el canon modernista?

Saludos y gracias por pasar.

Gustavo Adolfo Chaves dijo...

No, el soneto está impecable. Incluso ese verso "que sometida a la inflexible norma", con el acento en el artículo "la", suaviza mucho el arrastre del endecasílabo y lo hace más llevadero.

La lectura paulina se me cae porque no veo al hablante de este poema queriendo salir de su cuerpo para hallar una felicidad etérea, inmaterial, sino para ser parte de la tierra: más materia, pero no materia sufriente. Nada de polvo enamorado, que diría Quevedo, sino polvo que no siente pero da vida a algo más (las flores).

Respecto a repensar el modernismo tico, hace falta, y en esas estamos. Es difícil, a propósito de lo que señalás en esta entrada, tener una idea clara de los cambios que han promovido generaciones posteriores sin una idea más cabal de ese momento primigenio del modernismo.

Otra cosa: en casa de mi tía Alicia (la de la miel de chiverre) hay una foto de mi bisabuelo llevando de paseo en su carreta a una distinguida familia herediana. Con la diferencia de que la foto (que tiene más de cien años, claro) fue tomada desde la parte de atrás de la carreta, la pose y el paisaje son casi idénticos a los de ese cuadro de Tomás Povedano que ilustra tu entrada. Eso lo digo porque no todo el paisajismo fue idealizante, lo cual es una queja común entre los que saben de arte tico. Y esoetó-esoetó-esoetodo Asterión...

Asterión dijo...

G.A.: desde la perspectiva del hablante lírico tenés toda la razón. Ahora, lo que yo planteaba en un principio, en el post, era el espírituo optimista del Nuevo Testamento: la muerte como paso a algo mejor, y ahí parece que sí concidimos.

Interesante el dato sobre la foto en casa de tu tía. El cuadro de Povedano lo puse precisamente con esa intención, en referencia a la idealización como parte de un proyecto de construcción de la nacionalidad costarricense, y que fue bien representado por las artes.

En literatura, el mismo Brenes Mesén, sino como poeta, sí como gestor cultural, o Max Jiménez, hasta cierto punto, intentaron romper con esa idealización bucólica, aunque luego se les salía por todo lado. Baste ver “El jaúl”, de Jiménez, para remontarnos a la idea de un paraíso perdido por culpa de la “civilización”.

Saludos.