31 dic. 2008

Sopla el viento en diciembre...

Imagen: Hermansz van Rijn Rembrandt, Los tres árboles, aguafuerte, 21,2 x 28 cm, 1643.

Cada año, con la misma ingenuidad, trae promesas y se esfuma igual. Este 2008, al menos el viento y los soles de mi infancia regresaron… y no sé lo que eso significa. Mañana empezaremos de nuevo, aguardaremos de nuevo…

Una rosa amarilla

Ni aquella tarde ni la otra murió el ilustre Giambattista Marino, que las bocas unánimes de la Fama (para usar una imágen que le fue cara) proclamaron el nuevo Homero y el nuevo Dante, pero el hecho inmóvil y silencioso que entonces ocurrió fue en verdad el último de su vida. Colmado de años y de gloria, el hombre se moría en un vasto lecho español de columnas labradas. Nada cuesta imaginar a unos pasos un sereno balcón que mira al poniente y, más abajo, mármoles y laureles y un jardín que duplica sus graderías en un agua rectangular. Una mujer ha puesto en una copa una rosa amarilla; el hombre murmura los versos inevitables que a él mismo , para hablar con sinceridad, ya lo hastían un poco:

Púrpura del jardín, pompa del prado,
gema de primavera, ojo de abril...

Entonces ocurrió la revelación. Marino vio la rosa, como Adán pudo verla en el Paraíso, y sintió que ella estaba en su eternidad y no en sus palabras y que podemos mencionar o aludir pero no expresar y que los altos y soberbios volúmenes que formaban un ángulo de la sala en la penumbra de oro no eran (como su vanidad soñó) un espejo del mundo, sino una cosa más agregada al mundo.
Esta iluminación alcanzó Marino en la víspera de su muerte, y Homero y Dante acaso la alcanzaron también.

En Jorge Luis Borges, El hacedor (10ª reimp.), Madrid: Alianza Editorial S. A., 1994, pp. 43-44.

4 comentarios:

Alexánder Obando dijo...

En verdad muy bello, Asterión. Siempre he pensado que la buena literatura es como un amo esclavista frente a su esclavo: nos hace sentir impotentes, poca cosa, y hasta nos maltrata con su impertérrita magnitud. Sé que la imagen es grotesca pero da buen asilo al sentimiento que nos embarga ante textos como este.

Ese pequeño trabajo de Rembrandt es además muy hermoso.

Feliz año nuevo.

Warren/Literófilo dijo...

que sabroso esto...en todas...

Juan Murillo dijo...

Hay un texto contrapunto a este de Borges escrito por Cortázar. Este tema es básicamente el que quise desarrollar en mi primer libro Algunos se hacian dioses: cómo ver a través de lo que somos y llegar a la realidad absoluta y descarnada de las cosas, bella o quizá terrible. Aún no tengo claro si lograrlo sería un premio, un castigo, ambos o ninguno.

¡Feliz año!

Asterión dijo...

Álex: ciertamente, muy bello. Y cada vez que releo a Borges, ese sentimiento de impotencia y pequeñez me inunda; y qué bueno que sea así.

Warren: Borges es impecable, gigante, genial.

Juan: tenés que orientarme para saber cuál es el texto de Cortázar.
La idea de la revelación última atraviesa todo el arte, y es uno de los temas más ricos y terribles.

Feliz año para vos.

Saludos, y gracias a los tres por pasar.