30 nov. 2008

Un poema de Mauricio Vargas Ortega

Imagen: Crístofer Arias, Madonna (1999). Haga click para agrandarla.

Conjuro

Yo he conjurado
las bestias grises
que en las tardes se gestan
para producir la lluvia.
He conjurado los vinos,
las borracheras y las muertes;
mujeres perdidas
en mis manos de dios que todo calla.
He conjurado los soles
que han prometido quemarme
en su vorágine.

Para vos, que sos mujer
de palabras enterradas por milenios.
Para vos que planeás
un escape de silencio a mi llamada.
Para esa mujer en vos
que está muriendo
y se revela con la tímida
mueca de la furia.
Para vos es mi conjuro
en la tarde que hoy me puebla.
Asesinos y piratas retrasados
en la búsqueda inútil por mis fueros.

Para vos es mi conjuro,
para los niños olvidados de la fiebre,
para los palacios que se consagran
al amor cuando se calla.

¡Muera tu respuesta ensangrentada!,
que no se resigne para mi mal
tu madrugada nefasta
ni tu hambre por lo oscuro,
que yo sé, nos reclama el silencio.

Salgan de vos el veneno
de mi muerte y de mi vida.
Salga la absurda pregunta
por tu imagen llorando
en el espejo.

Reclamo la bestialidad
de tu espacio a la palabra,
a tu patio la niñez herida,
a tus gorriones el vuelo
y a tus muertes la risa
que despierta lo grotesco
en mi cerebro enfermo
de dios caído y ciego.

Levantate, claudicá,
morí si querés
pero en otro fervor, en otro condado
de lo muerto.
Volvé, pensá, devolvé a cada cosa
tu escogido color de militante.
Intentá, llorá;
que sepa la vida de tu deseo,
eso oculto que yo no sé.
que sepan todas las cosas
que yo vivo
y juro
y siento
y necesito
y quiero tu ardor
de pie frente a la rosa,
frente a las tardes inmensas
de tu canto.
Que quiero, Dios, por dios
tu voz sobre las nubes,
sobre cada cosa
que pierde la conciencia,
sobre cada cosa
que parece negarse a la palabra,
y al final, por mí ya no se niega.

Conjuro a la fiebre
de tus ojos,
a la calentura de tu cruz,
a la muerte de tu exilio,
al Cristo de tu frente,
al vampiro de tu sombra,
a la comodidad de tu cama,
al temor de tus fotos,
a la complacencia detenida
en un reclamo que no habla.

Tendrás mi dirección,
mi correo,
mis caminos,
mis senderos,
ese lugar secreto cuando niño.
Sabrás dónde encontrarme
si acaso fallara este conjuro.

Ya alguna vez te regalé
una daga con mi nombre.

En Entre nieblas, pp. 11-14.

Mauricio Vargas Ortega (Santa Ana, Costa Rica, 1971). Poeta, filólogo y profesor. Estudió Filología Española en la Universidad de Costa Rica (UCR), donde también obtuvo una maestría en Literatura Latinoamericana. Ha publicado seis poemarios: Desfigurando sombras (San José: Líneas Grises, 1994), El valle de las ventanas (Santa Ana: Municipalidad de Santa Ana, 1995), Preguntas para inviernos (San José: EUCR, 1996, ganador del Concurso Anual de Poesía de la EUCR, 1994), La ceniza de los péndulos (San José: Ediciones Perro Azul, 2001), Entre nieblas (San José: ECR, 2001) y Retratos al anochecer (San José: EUCR, 2005).

11 comentarios:

Carolina Lozada dijo...

Gustavo, ¿Mauricio Vargas y sus conjuros estarán en la antología?

Asterión dijo...

Sí, claro; también el otro Mauricio, Molina, de quien hace unas semanas puse dos poemas.

¿Y este que te pareció?

mon dijo...

Tanto el inicio como el final del texto son impactantes. Uno me capturó, tuve que seguir leyendo el poema, y el otro me hizo volver a leerlo, como si no creyera que ya había terminado.

Me encanta que no sea un ruego inútil por el amor perdido, sino una acción: el conjurar.

También me gusta que el hablante, en su doloroso frenesí de mago herido, se confunda en lo que desea, y haga confundir al lector (¿olvidar, matar, hacer volver?...)

Por lo general no me agradan los poemas demasiado largos (tal vez a mí sí, pero no a mi déficit atencional). Sin embargo, este no me pareció aburrido por el ritmo rápido de los versos, la vigorosidad de las palabras, a veces violentas, que tanto disfruté.

Jairo Rojas dijo...

Inmenso este poema. Se siente el anhelo, la necesidad del “ardor frente a la rosa y a las tardes inmensas” y de seguro tendrá,quien acepte el conjuro, además de su dirección y correo, una visible forma de su alma.
Y yo, por otro lado, de inmediato me voy a buscar un libro de Mauricio Vargas Ortega

Carolina Lozada dijo...

Me gusta el ritmo, cierta musicalidad y marca propia de lo oral. También algunas imágenes, sin embargo hay cierta cosa con el tratamiento del ser femenino que me choca; un prejuicio mío, supongo. En cuanto al comentario de Jairo: tranquilo, que algo de Vargas y, seguramente, otros buenos poetas costarricenses tendremos pronto en Venezuela. Gustavo se esmera en hacer bien las cosas.

ángel dijo...

Bello poema narrativo. Un gusto haberlo leído en tu casa, que es también la de Asterión.


Saludos...

Luis Moreno Villamediana dijo...

Me gusta del poema su capacidad de construirse a partir de sutiles repeticiones, que justamente terminan por convertirse en estructura musical. Es largo, pero no pesado: avanza con soltura, se nota que lo sostiene un buen dominio del lenguaje. El uso del voseo, además, consigue balancear el impulso lírico, lo hace familiar, lo fuerza a renunciar a la solemnidad. Eso me pareció muy bueno. “Levantate, claudicá,/morí si querés/pero en otro fervor, en otro condado/de lo muerto.” Excelente.

Asterión dijo...

Mon: qué bueno que te haya gustado el poema, a pesar de su extensión, y eso que no has visto los poemas verdaderameten extensos de Mauricio.

Jairo: bienvenido y gacias por la visita. Ahora, si conseguis un libro de Mauricio en Venezuela, me avisás.

Carolina: ¿y cuál es ese prejuicio específicamente? Gracias por la confianza, aunque espero que las expectativas no sean muy altas, jeje.

Ángel: Asterión agradece tu visita. Hoy paso a ver qué nos trajo diciembre en su "Noctambulario".

Luis: una de las características de Mauricio es su ritmo preciso, musical y trepidante; y tenés toda la razón, el voseo aquí equilibra muy bien el tono.

Gracias de nuevo a todos por pasar.

Saludos.

yoav27 dijo...

Profe, si se acuerda de mi, Yoav Lang... mucho gusto jajaja... Tenía que ser mi otro profe el que escribiera algo así.

Asterión dijo...

Hola, Yoav, claro que me acuerdo. Gracias por la visita.

Carolina Lozada dijo...

¿Mi prejuicio?, la mujer fatal.
Saludos, profe