Dos poemas de Mauricio Molina

Andrómeda

A Tita

Fue en el puerto de Jaffa
donde tu padre entregó tu cuerpo a los dioses,
donde el monstruo irguió sus fauces para concretar el rito.

Golpeaban las olas violentas sobre las rocas
y las gentes miraban temerosas desde el faro.

Fue en aquel puerto de Jaffa
cuando aceptando el destino de morir
gritaste mi nombre.
Fue en Jaffa, en un viejo puerto en el mar Mediterráneo.

Yo, que jamás había montado un caballo,
que jamás nadé en aquel océano oscuro,
sentí el miedo que no sienten los héroes
y fui uno más con las gentes sin nombre
en la torre de aquel puerto.

Escondiendo la cobardía en el corazón
salté entre los ojos de la bestia
y tus labios, Andrómeda.

Como en sueños
miré el rostro del mar
en un amanecer,
allá, sobre el viejo puerto de Jaffa.

En Abrir las puertas del mar, pp. 101-102.



Retrato de un pianista náufrago
buscando la madrugada

Partir desde los lechos de los árboles,
desde las copas de las fiestas del otoño.
Eran los años del vino y las palabras
(palabras y uvas fermentadas).

Corríamos en busca del mar
cuando el sol había secado el sueño de los moluscos,
por la niebla de las ciudades falsas
con anticuarios tacaños
envejeciendo sus relojes.
Amantes en la selva virgen
esperando la mujer desnuda
bajo la silueta de la Osa Mayor.

Esperábamos el acecho de las fieras.
Juramos pertenecer al páramo y al bosque,
todo a un mismo tiempo.

(Lengua inmensa de Dios
gritando sin palabras)
y el susurro de la lluvia
que alimentó nuestro corazón.
Llanto oscuro,
llanto de ciudad majadera,
20 años y el ruido
de pianos desafinados flotando en el viento.

Cuando escuchábamos a Rimbaud en los templos,
cuando fuimos sus esclavos por las costas de África
y los caballos corriendo por las calles,
el pelo largo de los jinetes borrachos.

La vida era parca pero hermosa,
y hacíamos fila en la entrada de los cines
buscando una respuesta,
un golpe de dados y una piel joven derrotando al tiempo.

Un payaso saliendo a flote desde el corazón de los amigos,
un mago engañando a la muerte,
armando títeres desde el humo de un cigarro
cuando sonaba la campana de las 12 en la catedral del deseo,
buscando la madrugada desde los bares.

Nos inventamos el mundo y sus mentiras
y los callejones sucios esperando un beso de amante en cada esquina.

Canallas cerrajeros de las noches,
marineros de un puerto en los infiernos,
quisimos llenar los charcos de palabras
y salir desde alguna herida
a las más altas palmeras del amor,
a los jardines colgantes desde donde
caen las más extrañas flores del paraíso.

En Cenizas de Orfeo, pp. 11-12.


Mauricio Molina (San José, Costa Rica, 1967). Poeta. Licenciado en Estadística, máster en Ciencias Cognoscitivas y doctor en Psicología. Actualmente es profesor de la Universidad de Costa Rica. Ha publicado cuatro poemarios: Abominable libro de las nieves (II Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz, 1998, México: CONACULTA, 1999 y San José: Ediciones Perro Azul, 1999), Maremonstrum (mención de honor, V Concurso de Poesía Neruda, 2000, San José: Ediciones Perro Azul, 2000), Abrir las puertas del mar (Premio Editorial Costa Rica de Poesía 2003, San José: ECR, 2004) y Cenizas de Orfeo (San José: Ediciones Perro Azul, 2006).

Comentarios

Lilia Muñoz ha dicho que…
Espléndidos poemas. Gracias por ellos.
AintzaZubi ha dicho que…
Por favpr, necesito el poema de Orescu titulado Bisonte. Alguien lo podria enviar a adevicente@gmail.cm o publicarlo aqui? Mil gracias.

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